1917: de una revolución a un golpe de estado

Rusia, 1917, momento culminante de la historia de la humanidad, en la que la revolución proletaria se alza en armas para la conquista del poder y la socialización de la verdad y de la honestidad en el país de los trabajadores, de los proletarios, de los argicultores, ganaderos, de los desposeídos, de los descamisados … para darles poder de verdad, cambiar las cosas, y avanzar en la democracia verdadera. Espera … un momento, será todo eso verdad? Y a cual se refiere, a los eventos de octubre con Lenin de protagonista o a los de febrero con Kerensky como verdadero líder? Y de verdad fue realmente tan importante para el mundo? Se cumple un centenario de dichos sucesos y es interesante recuperar una visión crítica del pasado para poder afrontar el futuro con garantías, aunque, hubo zares blancos, luego zares rojos, y ahora hay zares negros. La superestructura es mutable, pero la infraestructura suele permanecer, incluso a los aparentes cambios de régimen.

Ya a lo largo del siglo XIX Rusia pretendió alcanzar la modernidad en un caminar cansino y cansado con la rémora de ser un país eminentemente agrario y rural (incluso entrado el mismo siglo XX). En el siglo XVIII abrió un balcón con vistas al progreso, de la mano de Pedro el Grande, San Petersburgo, y el amor-odio con los alemanes ha sido evidente por siglos. Aunque hay que reconocer que son los rusos los que necesitaban de los alemanes, y no al revés. Una succión contínua de los países bálticos o Finlandia, en sus capacidades nacionales fueron motores para el avance de un país enfermo de Europa, que iba más allá, tras la conquista de esa colonia llamada Siberia. El Zar Alejandro II era un zar modernizador. Pero era un zar. Y le asesinaron. Así pues, su inmediato heredero, Alejandro III dió marcha atrás en todo lo que se acercara a una democracia de corte occidental, pensando que la tradición rusa era la autocracia de los Romanov.

Seguramente los cambios estructurales tienen todo que ver con los momentos en los que se tiene una debilidad intrínseca, como la tragedia democráfica y económica de Navarra en el siglo XIV hace de telonero de la catéstrofe política y militar del XV. Rusia quería, al cambio de siglo, demostrar ante el mundo su potencial, y, dicho sea de paso, tener algún puerto de esos que no estén congelados la mitad del año. Como Port Arthur, en Manchuria. Que lo tenía Japón. Y se fueron a la guerra, contra el Japón renacido de la era Meiji. Una derrota abrumadora, especialmente en la famosa batalla naval. Ese hecho permitió a las fuerzas progresistas abrir una Duma con la venia del zar, aunque no estaba muy convencido. Creía que avanzar en un modelo como el de su primo Jorge V era debilitar el estado ruso, siguiendo las enseñanzas de su padre, el Nicolás II, por lo general, pusilánime e incapáz de tomar decisiones por sí mismo, como cuando Luis XVI dió órdenes contradictorias a su guardia suiza, y aquello fue el fin de todo.

Una revolución es cuando las estructuras de poder cambian, cuando hay un nuevo órden dentro del estado, cuando unas instituciones son sustituídas por otras, y (casi) nada se parece a lo anterior … como se ha visto, esa resistencia a cualquier cambio, como si fueran concesiones a no se sabe bien qué como si fueran gestos de debilidad (resulta curioso, incluso ofensivo, pensar que si Francia y Reino Unido hubieran entrado en favor de los confederados, cosa firmada, si hubiera sido una victoria la de Gettysburg, Rusia hubiera sido aliada de la Unión) cuando un estado debe entender que actualizarse a los tiempos es la mejor garantía de pervivencia. Cuando en febrero de 1917 cayó el Zar, y un gobierno sin ataduras llegó al poder, se da en un momento especialmente agudo. Como que el invierno pasado de 1916 había sido especialmente duro, y la agroganadería no era capáz de sustentar a la población y las tropas. Porque, ese año, era el 4º año de la que hoy conocemos como Primera Guerra Mundial.

Rusia empezó la primera guerra mundial. Si, porque para movilizar sus tropas se tardaba un mes, y decretar la movilización general fue lo que selló la guerra. Ya antes, en tiempos de la guerra con Japón, cuando se celebraron una serie de guerras menores en los balcanes, había sido un tanto un freno para Serbia, que quería y aspiraba a una gran serbia, una Yugoslavia (que es los eslavos del sur), tomando por mando no sólo Macedonia, sino también Bosnia, Croacia y Eslovenia, en manos del emperador de Austria-Hungría. Con la muerte del archiduque no sólo se abría la caja de pandora para los truenos, sino se cerraba la puerta a un cambio significativo en el imperio católico más importante del momento, como hubiera sido constituir una tercera pata, eslava, en pié de igualdad con las otras dos, que era el mayor proyecto de reestructuración que tenía el heredero. Seguramente el hecho fue casual, y otro hubiera sido la chispa, pero fue Rusia la que, al defender a Serbia con mayor ahínco que en el pasado, hizo inevitable una guerra que, por otra parte, todos querían, y nadie supo calibrar. No había frenos ni diplomáticos ni militares. El sistema de Viena y los equilibrios de Metternick y Bismarck ya eran cosa del pasado.

Rusia, en esos años 1914-15-16 fue un combatiente decente, y no iba perdiendo la guerra, a pesar de los reveses, y de las discrepancias en el mando. Suele aducirse este hecho militar como elemento decisivo en la cáida de Rusia en 1917, y seguramente sea injusto decirlo, aunque no será ni la primera ni la última en que la excusa de estar o no estar preparados para el combate se vaya a usar en la madre patria rusa. No, el asunto es político. Como se ha dicho, la desgana y la desidia de una democracia de corte liberal europeo, como algo antagónico al ser nacional ruso, tal y como se pudo ver en 1913 en el tercer centenario de la dinastía Romanov. Todo de cartón piedra, muy artificial, para la foto y el momento, pero el sistema y el país iban en vías divergentes. Y esa es la clave, como se pudo ver en 1905, que la simple promesa de la creación de una Duma hizo descomprimir la presión revolucionaria sobre los zares. Y parecido pudiera haber pasado a lo largo de la guerra, si el zar no hubiera sido así de intransigente. Es así que se encontró sin apoyos, como Alfonso XIII el 13 de abril de 1931, quedándole la única vía de la abdicación.

Y en esas llegó la revolución a Rusia. Un país en el que era legal la esclavitud hasta finales del siglo XIX, y que después tenía situaciones análogas, en el campo, sobre todo. Es interesante que en economía hay un nombre técnico en el que un país da el salto de ser una economía rural a una desarrollada, el denominado Take Off, el despegue. El de Rusia se da precísamente en ese año 1917, clave. Y para esto, volvamos sobre el partido bolchevique. Eran el Partido Socialdemócrata de Rusia, y tuvieron un congreso, en el exilio, primero en Bélgica, pero luego trasladado a Inglaterra. En el las tésis de Lenin, con el apoyo de Trotsky, salieron derrotadas entre los delegados, pero un impresionante juego sucio (que hubiera hecho equiparable orgullo a los miembros del servicio de inteligencia del zar que creó el libelo de “Los protocolos de los sabios de sión” para justificar los progromos) tornaron en horas, mediante el chantaje y la coacción, la derrota en victoria. Y de ahí a los ganadores se les llamó mencheviques (minoría en ruso) y a los perdedores bolcheviques (mayoría). De ahí parte todo, de un golpe de estado interno.

Cuando en 1917 llega el gobierno de Kerensky, en febrero, este ofrecía, con tiempo, un modelo como el practicado en occidente en aquél entonces, una democracia liberal, con derechos y obligaciones, con separación de poderes, con Estado de Derecho, un modelo que era todo lo contrario de la tradición rusa hasta el momento. Era complicado, y el pueblo ruso nunca tuvo paciencia, más si cabe tras la desastrosa campaña agrícola y ganadera, y el presunto hundimiento en el frente. O, más concretamente, como le pasó a Vergincetorix en el sitio de Alesia, el que sus subordinados fueran incapaces de entender sus órdenes hizo imposible una victoria. Falta de organización y de liderazgo. Aunque ciertamente era complicado construir liderazgos alternativos en poco tiempo, y más si estos se pretendían que fueran reales y no de cartón piedra. Del otro lado sólo podían ofrecer promesas, como lo hicieron, desde el punto más populista posible: paz y pan. Eso es todo. Y para lograrlo, los bolcheviques estaban de acuerdo en traicionar a Rusia, con tal de conquistarla.

Cuando el tren sellado pasó por Alemania, con Lenín dentro, junto a su mujer y su amante, los alemanes pensaban que era el mejor arma para cerrar el frente oriental antes de la llegada de los americanos (con su potencial demográfico) al frente occidental. Y para ello le dieron maletines con lingotes de oro para financiar su revolución, todo ello en complicidad con la embajada en Moscú. El compromiso de Kerensky era claro, Rusia entra en la guerra, y debe salir de ella cuando haya un acuerdo de paz que vincule a las partes, sin una paz por separado. Resulta interesante, porque será Rusia la que firme un acuerdo de paz por separado en 1917, la que exigirá lo mismo en la IIGM, cuando se puede comprobar que en ninguna de las dos ninguno de los aliados occidentales pensó hacer lo que sí hizo Lenin. El ambiente de desestructuración progresiva, y la incapacidad de algunos de entender el cambio estructural propuesto por los mencheviques febreristas, acabó por dotar de un vacío de poder en el que un soplo de aire derribó la puerta para el acceso de los bolqueviques al Palacio de Invierno.

Octubre de 1917 es un golpe lampedusiano, que todo cambie para que nada cambie. Es interesante leer un análisis marxista de las consecuencias de la revolución de la mano de Michael Volsensky en 1981 con el título “La Nomenklatura – Los privilegiados de la URSS. Al final se puede entender que lo importante no es tanto quien controla las instancias de poder, sino como se ejerce el poder. En una democracia debe ser de abajo a arriba, desde la base. Lo contrario es el mecanismo jacobino, centralista, en el que, sobre la base de un mapa, ese es el país, y de ahí, se desgrana una sóla nación, un sólo poder, una sóla ley, una sóla administración, una sóla lengua … Y ese sistema, producto de la revolución francesa, fue el que asume el golpe de octubre, de Lenín, aprovechando las estructuras existentes para imponer su forma de ver la vida. Así es como en un determinado momento, dada la existencia paralela de la Duma y del Soviet Supremo de San Petersburgo, aún siendo mayoría los no bolcheviques, se retiraron en protesta … y ese fue el momento para el golpe de mano, cuando Trotsky vió la luz, y se hizo la Aurora de la revolución.

Aún así, ese punto no fue ni mucho menos el final, pues a continuación devino una guerra civil, que lo fue también, internacional. En 1916 un escuadrón checo desertó del ejército austro-húngaro, y se pasó al ejército ruso … cuando pasó la revo… digo, el golpe de estado de octubre, se puso del lado de los blancos. La simple amenaza de estar cerca de Ekaterinburgo fue la excusa de fusilar a la familia de los zares, para arrebatar a la facción blanca un posible banderín de enganche. Había aprendido las lecciones que le daba la historia de haber sido rescatado por los blancos? Seguramente no. Ucronías para un buen escritor que quiera relatarla. Entre 1918 y 1920 hubo participación internacional, británica, italiana, francesa, japonesa, e incluso de los derrotados alemanes, en suelo ruso. Y dicha guerra civil no terminó hasta 1921, incluyendo el suceso de la insurrección (de corte anarquista) de los Marinos de Kronstadt, que posteriormente sería el centro neurálgico de la Flota Rusa.

Hasta ese momento, cabe reseñar que la bajada de pantalones de la paz de Brest Litovsk merece su puesto de honor en el libro grande de las infamias proferidas por unos presuntos patriotas a su propio pueblo. Contradicción Primaria y Secundaria, un clásico del marxismo. Con la rendición a Alemania, le cedían un porcentaje enorme de las tierras productivas, del potencial de desarrollo, con tal de mantener la posibilidad de la revolución, vamos, del golpe. Y se verá, poco después, que su vocación, la de Lenin, como la de Stalin, como la de Trotsky, era la de un Soviet mundial, como se puede observar en el escudo oficial de la URSS, en el que no existe una línea de demarcación. Y es que poco después del final de la guerra, se pudo ver la existencia, breve, de la república de Baviera. Y la hungría comunista de Bela Kun. Y el milagro del vístula en la guerra de 1920 de Rusia con Polonia, en la que, supuso un freno a las apetencias soviéticas de llegar a París y Londres, para tomar el Know How europeo, y sus recursos industruales y de conocimiento, antes que poner las bases para crearlo sobre suelo ruso.

Otro elemento que poner encima de la mesa, y que explica el odio visceral entre comunistas y socialdemócratas es lo sucedido en Kiel, poco antes de la finalización de la Primera Guerra Mundial. Alemania caía en las garras de la revolución (esta de verdad, no un golpe, como el de Lenin), tras la incapacidad del dictador Ludendorf de entender que las cosas tenían que cambiar, para poder seguir teniendo Alemania opciones de mantenimiento futuro como un sólo pueblo unido. La chispa, una misión suicida pretendida por unos altos mandos de la marina que fueron incapaces de hacer otra cosa que la batalla de Jutlandia, que fue una victoria táctica alemana, pero una derrota estratégica, pues no volvió a salir de puerto la flota de alta mar. Y los marineros entendieron, que, con el final tan cerca, una misión suicída sobre suelo británico, era innecesaria. Y se rebelaron. Es entonces cuando llamaron desde el poder a los socialdemócratas, mayoritarios en el Reichstag desde antes del inicio de la guerra, y apagaron los fuegos de la revolución. Fueron los que impidieron que la convulsión de un país exhausto, y que merecía haber sido invadido para evidenciar la derrota, a manos de británicos y franceses, acabara no sólo con el kaiser, sino con cualquier opción de democracia. Elementos que conectan con el futuro, cuando Stalin siempre quiso llegar a Berlín el primero.

Conocer la historia es interesante e importante, no sólo por el hecho de aprender de ella, sino como elemento de juzgar la época, cada una poliédrica en sí misma, para poder poner en contexto cada cuestión, y entender los momentos de atrás hacia adelante, y no desde las consecuencias hacia el pasado. De esa manera es donde surgen las ucronías, los caminos no tomados, que pueden desarrollarse en buena literatura, si se disponen de los datos sufucientes para calibrar la historia alternativa en elementos veraces y realistas. Muestran que los caminos tomados no eran necesariamente los únicos que se podían tomar, y que siempre hay ocpiones de cambio, y que las decisiones adoptadas, no siendo unívocas pues, no eran inevitables. Ciertamente el pasado no puede justificar el futuro, pero si explicar como se ha llegado hasta el presente, y como un arbol frondoso, la historia de verdad, debe mostrar los caminos transitados, y los no, con las opciones que hubieran podido suceder de lo mismo. Sólo de esta manera entenderemos que, en los aciertos y en los errores, puede haber gente capáz de las mayores grandezas y de las mayores villanías para sus pueblos.

Con el golpe de estado de 1917, la Rusia Soviética inicia un camino hacia un desarrollo, con unos planes quinquenales que nunca se cumplieron, sobre todo en agricultura y ganadería, y que en lo industrial, tuvieron como consecuencia, no ya Chernobil (nivel 7), sino un silenciado accidente radioactivo en Mayak, Kysthym, de nivel 6, el 29 de septiembre de 1957. Aparte del estress hidrográfico, con la desparición de ríos, lagos y mares interiores. Si, mejoró la vida de parte del pueblo, pero conviene recordar que la llamada Nueva Política Económica de Lenin de 1921 era retomar el capitalismo para el campo tras la catastrófica confiscación de tierras, granos y cosechas, desincentivando el compromiso con la tierra de los agricultores. La plusvalía, ahí está la clave. Siempre las mejoras en suelo soviético fueron menores para el pueblo que lo que el sudor de su frente había producido, siendo parte de los beneficios de la Nomenklatura. El soborno y la corrupción no dejó de ser un sistema válido entre los soviets, lo cual dice mucho de que la infraestructura de los pueblos es difícil de cambiar. Por ello se suele decir, como hacía Jesucristo en “La Pasión de Cristo” sobre que era más importante salvar el alma del hombre a liberar la tierra. Cambiar su mentalidad, individual y colectiva, para así cambiar la conducta a largo plazo. Y en el caso soviétivo, en el fondo, el pueblo, sigue siendo prácticamente el mismo. Es por ello que, dejando de lado aspectos anecdóticos, cosas como el golpe de octubre quedan como mojones en el tiempo, pero sin más repercusión real que el de una ola que sube y baja por la playa de arena fina con el paso de las mareas.

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