Baiona antes que Cádiz, el principio de las nacionalid​ades

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Originalmente publicado en Arabatik el 1 de febrero de 2012

Por mucho que se empeñen los exégetas de las muy ilustre nación (sic) española, la primera constitución de la que tuvo conocimiento el estado español fue la que el emperador corso le dio en Baiona en 1808. ¿Que fue una carta otorgada? Pues si, pero la de 1834 también lo fué. Ha habido más ejemplos de ello a lo largo de la historia. Y, tal vez, no interese acercarse a dicha constitución, porque, de los representantes que fueron a Baiona, había un tal Juanjo, que puso las cosas en claro, y así se reflejó en el artículo 144 de aquella constitución. Luego vendría, el 19 de marzo de 1812, día de San José (Pater Putativus), la pepa del pepe. Negando la mayor a muchas cosas, legítimas, que había planteado el tal Juanjo. Y es que, en cuestión de liberalismo, como han dicho, sólo podía quedar uno.

Juan Jose Maria Yandiola Garay, representante de Bizkaia, tras la explicación paternalista de lo que es una constitución, y de lo que es el liberalismo, la “liberté, egalité y fraternité”, y esas cosas que parecía habían sido inventadas por la revolución francesa, levantó la mano y les dijo: oigan, que eso que me dice… bueno, nosotros tenemos nuestros fueros, constituciones de los territorios vascos. La mía es de 1514, el fuero reformado, o fuero nuevo, con libertades, igualdad, en la forma de hidalguía universal, con entre otros derechos, la inviolabilidad del domicilio, la ilegalidad de la tortura, el derecho a voto (fogueral), en el que participaban tanto hombres como mujeres… un sistema de abajo a arriba, basado en el municipalismo, la anteiglesia fundamentalmente, elevado a merindades, y a Juntas Generales, el Parlamento, con un gobierno, llamado “Diputación Foral”, y en lo alto el llamado “Pase Foral”. Así que de eso, ya tenemos, diría. Es un resumen, porque lo que dijo en verdad está en las actas de Cortes “Españolas”, que existen precisamente desde 1808, y no desde 1812. Y logró la siguiente redacción del 144: “Los fueros particulares de las provincias de Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava se examinarán en las primeras Cortes, para determinar lo que se juzgue más conveniente al interés de las mismas provincias y al de la nación.”

En aquel marco de irrupción de nuevos marcos ideológicos cabe señalar el marco conceptual de la precedente revolución americana (estadounidense), porque John Adams, segundo presidente de aquel país, y padre del quinto, pasó por Bizkaia y Bilbao, y como resquicios de aquella visita quedan sus impresiones en el libro “Principios de la constitución americana”, en un fresco del capitolio del Congreso de los Estados Unidos y en una estatua al lado del Palacio de la Diputación Foral de Bizkaia, en Bilbao. Y es que, en su visita por diferentes pueblos de Europa, se fijó en los fueros vascos, como uno de los modelos de los que copiar para su futura democracia americana. Y, de paso, a eso aludirá Sabino Arana cuando envíe a Roosevelt (Teddy), en 1902, el cablegrama de felicitación por la independencia efectiva de Cuba. Desde Sukarrieta a la Casa Blanca, en Washington. Le costó que el fiscal pidiera para el 8 años de cárcel y un día. Por un cablegrama. Pero que, evidentemente, implicaba otras realidades más profundas.

En la post – revolución francesa cabe hablar de un modelo francés y un modelo germánico. Y eso se repite a día de hoy, como se puede ver el modelo territorial de la República Francesa y de la República Federal de Alemania. En el Estado Francés, donde, por cierto, en 1789 hablaba francés sólo un tercio de sus habitantes, se dijo: vamos a ordenar esto de una vez por todas. Dibujaron el Hexágono y se dijeron: esto es “Francia”, y en este Estado, hay una nación, y como tal nación se comportará una única sociedad. Un único estado con una única ley, un único idioma, una única administración. Y es así que, en nombre de la libertad, aquél ciudadano de Baiona que antes elegía en la anteiglesia de su pueblo, o enviaba representantes al aún existente Parlamento de Navarra (en Pau), ahora veía que si quería decidir algo, debía de poder votar, pero como no tenía rentas, no podía hacerlo, pasando de decidir en casi todo, a no hacerlo en absoluto. En nombre de la libertad. El otro marco es el de identificar a las sociedades existentes, hacer posible que esas sociedades se constituyan en nación, y, con el tiempo, puedan llegar a establecer su estado propio. Es un proceso natural, en vez de la artificialidad del otro, constructos en el aire. Pues un estado se puede construir en 24 horas, pero el “contenido” es cuestión de una evolución sedimentada de siglos, cuando no de milenios.

Wilhelm von Humboldt, que llegó a decir del euskera “es una de las lenguas de más perfecta formación, sorprendente por su vigor, la estructura de sus palabras, la brevedad y la osadía de la expresión”, delineó en 1801 las características del principio de las nacionalidades: Un carácter nacional, una lengua propia, una historia común, unas instituciones y leyes propias y un territorio determinado. De los fueros lo más importante era la forma de toma de decisiones, no las decisiones en sí mismas, dado que como legislación consuetudinaria, se basaban en el mantenimiento de las leyes que eran buenas en el momento concreto. Decisiones que, en aquel tiempo, se tomaban el domingo, cuando se juntaba el pueblo, después de la misa. Pero, como el mismo Marx se encargaría de recordarlo, al hilo de las guerras carlistas, señalando que la foralidad vasca era un sistema “casi absolutamente democrático”, las decisiones políticas eran completamente separadas del poder eclesiástico, en ámbitos completamente separados. De ahí en nombre de anteiglesia: delante de la iglesia, no dentro de la misma.

La Historia nos revela el ayer de cada cual, incluso de pueblos pequeños, y, porqué no decirlo, pobres, como el vasco. Cada cual tiene su historia. Ni mejor ni peor, cada cual la suya. La que le confiere la realidad de haber llegado al día de hoy. Eso si, he ahí el suelo desde el que construir el futuro, con la cimentación clara de la voluntad de ser para decidir. De los de hoy, aquí y ahora. Teniendo claro cual es el destino que se quiere alcanzar, sin prejuicios ni renuncias, con ideas y voluntad, y claridad de mirada hacia el presente y el futuro. Porque de otra manera no puede ser, si no es de forma absoluta e inequívocamente democrática, participativa, inclusiva, de abajo a arriba, de base amplia y asentada sobre el terreno, y la realidad social. Quizás ese sea el secreto para que un pueblo que, asentado en una zona de paso, como es las estribaciones de los Pirineos, en una de las zonas de tránsito naturales del mismo, haya sabido perdurar en el tiempo, cuando tenía todas las papeletas para haber desaparecido, como lágrimas en la lluvia. Aunque ya lo recoge “porque fuimos, somos; y porque somos, seremos”. Y seremos, lógicamente, lo que queramos ser, sin más limitación, además del escrupuloso respeto a todos y cada uno de los Derechos Humanos, que nuestra propia voluntad.

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