Calla y obedece

La CUP, o mejor dicho sus militantes, finalmente ha dado su aprobación a los presupuestos presentado por el grupo de Junts pel Sí. Los líderes del partido han decidido mantener vivas las enmiendas que ya hicieron en su día hasta el debate definitivo en el pleno, buscando alianzas para su aprobación.

Aún conservan esperanza en hacer modificaciones para que estos presupuestos, como ellos gustan llamar, se acerquen un poco a los que necesita este país. Poco sincero si tienen en cuenta sus 10 escaños. Así, la CUP seguirá apoyando las movilizaciones críticas hacia los recortes. Esperemos que recuerden hacerlo hacia el gobierno central.

Pero bien, la cuestión que aquí nos ocupa es otra. Lo destacable de su decisión es que las asambleas populares han hecho gala otra vez de lo que son sus votantes y de lo que pretenden sus dirigentes. Ya en su día, este sistema de deliberación mostró su incapacidad con el pucherazo para decidir el futuro del Parlament, dónde los socios de Endavant (organización predominante de la CUP), movieron el lugar donde se celebraba el congreso para alejarse de Girona, zona favorable a la investidura de Mas. Con todo esto, tuvimos que tragarnos un empate matemático, y “enviar a la basura de la historia” al que fue President de la Generalitat.

Estas incompatibilidades han vuelto a manifestarse con la votación de los presupuestos. Otra vez, los directivos del partido han chocado con sus militantes. Los resultados de las asambleas para deliberar sobre la cuestión, muestran que entre los militantes de la CUP la victoria del sí ha sido clara. El voto en contra del presupuesto sólo ha ganado en Barcelona y aunque por la mínima, y de forma clara en el Baix Llobregat. Y ha habido empate en el Penedès y en el Alt Ter.

Por otra parte, entre las organizaciones que integran el GAP (Grupo de Acción Política), sólo ‘Poble Lliure’ y ‘Constituents per la Ruptura’ han seguido la pauta marcada por los militantes de la CUP. ‘Endavant’ y sus organizaciones afines se han distanciado y han votado en contra del presupuesto. Y es que dicho grupo, ya ha sido capaz de sustituir a personajes como David Fernández y Antonio Baños por sus actuales dirigentes, más afines al grupo mencionado.

El hecho es que el partido muestra unas grietas internas que ya predicen el barómetro del CEO, entre otros, situándolos entre 6 y 8 escaños. Endavant (OSAN), ya ha publicado en su web sus lamentaciones por haber aprobado unos presupuestos “anti-sociales y liberales”. Anna Gabriel, sigue actuando como portavoz de aquellos que buscan ridiculizar hasta el extremo cada una de la toma de decisiones, algunas veces con más acierto que otras. Pero aquí reside el juego.

Gran parte de lo que es la CUP, a nivel moral ha jurado no volver a fiarse de las palabras de los grandes políticos con traje y corbata. Consecuentemente, cuando más anti, mejor. Los encargados de llevar esta máxima al extremo, son el grupo de Endavant. Sin ir más lejos, recientemente estos han publicado unos carteles donde una chica pega una bofetada al consejero de salud, a modo de protesta hacia el sistema actual de Sanidad Pública. Luego querrán dar lecciones sobre lo que es ridiculizar la violencia.

Es así, como el partido ha caído en una retórica absurda y artificiosa. Para poder mantener su título de “extremos”, gran parte baja la cabeza ante las gamberradas de los grupos de mayor influencia. Un condicionamiento, que topa contra sus bases de votantes o con el grupo de ‘Poble Lliure’, el cual ya se quejó en su día de que era indebido que un grupo que actuaba como líder coaccionara el resto.

El partido tarde o temprano deberá sincerarse, o separarse. Las confrontaciones internas ya existen, y tanto “protocolo” acaba perdiendo el efecto. Si el estado decidiera su presidencia a través de un sistema de doble vuelta, a la francesa, grupos como la CUP tendrían aún menos escaños, o simplemente no existirían en el marco político. Este sistema permite que en la primera vuelta el votante exprese su preferencia, y en la segunda vuelta vote a los partidos que de verdad puedan tener un peso relevante en el marco político.

Entonces, el calentón anti-sistema abandonaría la CUP para irse a uno de los otros partidos. Y esto justamente es lo que muestran las encuestas. Los votantes de la CUP con seguros privados y planes de pensiones, se van a ‘Catalunya Sí que Es Pot’.

Si de verdad el partido quiere hacer gala de lo que debe ser la democracia en la política, y de la sinceridad, deberían dar la opción a los militantes de todo el territorio para elegir un Secretariado Nacional que represente a la infinita coalición de grupos y corrientes que integra. Que cada semana aparezcan a hacer declaraciones los amigos de los actuales dirigentes de Endavant, como líderes del partido, es todo menos democrático. El pasado verano el 63,18% de la militancia eligió una candidatura colectiva de la que solo conocemos a los de siempre.

Un secretariado elegido por todas las bases, demostraría de manera representativa a lo que aspiran de verdad aquellos que los votan, más allá de un discurso anti-sistema. Resulta indispensable que la estructura de un partido político se rija por unos órganos elegidos democráticamente de entre sus miembros. Este hecho permite que el partido tenga una dirección firme y representativa de lo que se espera del partido. También sirve de manera eficaz cuando la entidad debe dar una respuesta sobre una cuestión particular. E inclusive, los dirigentes se pueden permitir abrir el debate interno para votar cual es la postura que se debe defender.

Sin ir más lejos, sus “camaradas” de la capital, que emulan los métodos de los que ellos hacen bandera, tienen muy claro que quien decide es Ada Colau o Xavier Doménech, los cuales discuten sus decisiones con sus respectivos equipos previamente formados. Menos lecciones, y más política.

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