Canarias sin Marea

A los alegres plurinacionales amigos de la paz, la justicia y la democracia del clan de somosaguas, posteriormente denominado “Podemos” les ha funcionado como a la mayor parte de los movimientos autodenominados de izquierdas en otras partes del mundo. Aquello de juntar diferentes agrupaciones, asociaciones y partidos en pos de aquello que en tiempos se decía el bloque histórico. Ellos eran el pueblo, la vanguardia de la revolución, los listos y preparados, la punta de lanza. Claro que, ahora, se necesitan votos, y se necesita juntar lo máximo posible, aunque tengan diferencias insoportables. Claro que el asunto está en que, en casos como el actual, a buena parte del pueblo, al menos durante un tiempo, los líos internos, no importan, la gente emite su voto. Durante un tiempo al menos. Y, dicho se de paso, conviene contar las historias con memoria íntegra, porque sino, no es tal cosa. A las confluencias y mareas, hay que evidenciar la negativa a País Vasco. Y, también, a Canarias. ¿Si se puede? No, no se puede. Pablo dixit.

Si se puede es una confluencia de movimientos endógenos canarios ecosocialistas (autodenominados de izquierdas y autodenominados abertzales, o soberanistas, o, porque no, a veces, incluso independentistas). Es decir, algo similar a lo que fue Iniciativa Per Catalunya-Els Verts. Son un conglomerado de formaciones pequeñas, pero con implantación local, y, con independencia del apoyo electoral, tenían una trayectoria organizativa y discursiva propia. Cuando se constituye Podemos en canarias, se da la confluencia entre la natural franquicia, por lo demás, “necesaria” (o que viene de suyo, como cualquier partido de ámbito estatal con matriz en Madrid) del Podemos implantado en Canarias y esta agrupación propia. Claro que, nunca ha sido fácil. Desde el principio el que manda, es la dirección de la calle Princesa, en Madrid. Como sucede con la Calle Génova o Ferraz, con las otras franquicias políticas. Y es así que les han ofrecido directamente, ser expulsados del proceso de primarias. Para que los miembros de si se puede, no puedan votar. Y, por supuesto, a diferencia de gallegos o catalanes, o con la referencia valenciana con Compromis, no tienen portavoz propio en el congreso, ni fueron a las elecciones con una marca distinta, a pesar del fuerte sabor local que, como es evidente, incorporaban. La dirección del partido en Canarias, en manos de la sindicalista Mery Pita y el clan de Quino Sagaceta, por la izquierda, ambos de mentalidad estalinista, amenazan con destruir un movimiento de carácter soberanista, como ya ocurrió cuando el PC destruyó y desarticuló el Movimiento Canarias Libre de Fernando Sagaceta … y es que quien no conoce su historia está condenado a repetirla.

Aprender de los errores es necesario, y no se debe criminalizar el hecho de cometerlos. Prueba y error es un mecanismo para avanzar y fracasando una o dos o tres veces es una vía para descartar caminos para luego poder acertar con el correcto. Nadie acierda a la primera. Y si esto fuera así, no pasaría siempre. Es por ello que la historia, no para justificar nada, sino para poder aprender de lo que se hizo bien, regular o directamente mal, es fundamental para conocer y poder decidir hacia el futuro. Y una decisión fundamental que hay que aprender es que por pequeño o humilde que uno sea, es mejor sostenerse por uno mismo, que depender de otros. Y más cuando ese otro viene de otra nación. Si, España es plurinacional. Y Canarias, es una nación. También para esto. Los partidos políticos son herramientas al servicio de fines, ideológicos, identitarios y programáticos. Así debiera verse pues, que es mejor ser pocos, pero con plena capacidad de ser para decidir, que ser alguno más, pero perder capacidad para elegir el rumbo, el suelo y el impulso. Es decir, la ideología, la identidad y la organización. Seguro que en “Si Se Puede” lo valorarán. A fin y al cabo, es su futuro y el propio futuro de Canarias lo que puede estar en juego.

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