Cassandra Vera, Carrero Blanco y… el dolo

¡Tranquilos! Esta vez, a diferencia de hace un par de semanas con el caso Nóos [véase: http://dmkt.es/entorno-la-sentencia-del-caso-noos/], no comparto el criterio de la sentencia. Perdonadme si no me expreso con tanta indignación como la que ha corrido estos días por las redes para defender a la twitera Cassandra Vera @kira_95 [véase: http://politica.elpais.com/politica/2017/03/29/actualidad/1490788774_203770.html] y su libertad de expresión humorística. Pero la única ambición que tengo en la vida en convertirme en un jurista académico y eso obliga a ser un poco cold fish a la hora de comentar según qué temas.

No soy el único que discrepa del criterio de la Audiencia Nacional. Muchos y muy reputados profesores de derecho, varios centenares de hecho, han firmado un manifiesto criticando la sentencia [véase: http://www.laverdad.es/murcia/201702/06/profesores-universitarios-apoyan-tuitera-20170206180540.html].

¿Dónde está el problema? Sin duda los magistrados de la Audiencia Nacional son grandes juristas que han argumentado su criterio con maestría. No se les puede recriminar arbitrariedad, sino más bien un exceso de rigidez en su apego a unos criterios interpretativos del Código Penal.

Mirad, para saber si se da un delito, los jueces utilizan los pasos que dicta la teoría del delito. Simplificando un poco, el juez debe analizar si la conducta realizada puede ser asimilable a algún precepto del Código Penal. En este caso el envío reiterado de tuits, hasta 13, cargados de humor agresivo acerca de la forma de morir de Carrero Blanco, se ha considerado como descriptivo de las conductas de enaltecimiento del terrorismo, art. 578 CP: “la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares”. Su pena es de 1 a 3 años de prisión y multa.

Ahora bien, todo precepto o tipo delictivo del Código Penal se compone de dos elementos: el externo, en este caso el envío de tuits, pero también el interno o psicológico. Seguro que habéis oído alguna vez aquello de “homicidio doloso” “homicidio imprudente”. Cuando decimos que un delito es doloso, estamos indicando que el autor era consciente del resultado lesivo que se iba a producir o que al menos podía prever que se produciría. En el caso de Cassandra Vera el enaltecimiento al terrorismo para ofender a sus víctimas. Cuando decimos que un delito es imprudente, afirmamos que se ha cometido sin querer porque el sujeto ha infringido un deber de cuidado.

Todos los delitos incluidos en el Código Penal se pueden cometer por dolo, pero sólo se pueden cometer por imprudencia aquellos en que expresamente se contemple esa posibilidad. Así como el homicidio o el delito ecológico pueden ser imprudentes o dolosos, el enaltecimiento del terrorismo sólo se puede cometer dolosamente.

La pregunta en este punto es ¿Cassandra Vera pretendía ofender a las víctimas o al menos pudo contemplar que esa posibilidad podía llegar a darse? Y aquí empiezan las discrepancias. La Audiencia Nacional considera que sus tuits tenían esa pretensión ofensiva o al menos que la autora asumió que podían resultar ofensivos para las víctimas y aún y así decidió enviarlos –importante (!): el Código Penal no pena que se consiga ofender, sino la intención. Los magistrados han tenido en cuenta el formato de difusión de una red como twitter y sobre todo la reiteración de sus mensajes. Otros muchos juristas –y el proyecto de jurista que escribe esto- entendemos que hay una actitud que pretende escandalizar, un épater le bourgeois, carente de verdadera vocación de ofender o humillar.

Si Cassandra Vera actuó sin dolo de ofender a las víctimas del terrorismo y sus familias, entonces no cumple el elemento subjetivo del delito de enaltecimiento del terrorismo. Su conducta es impune porque verdaderamente no está en el Código Penal. Si por el contrario se acepta el razonamiento de la Audiencia Nacional de que en el momento de enviar los tuits sabía que podía llegar a ofender a las víctimas del terrorismo y a pesar de todo decidió enviarlos, cometió un delito. ¿Entendéis la polémica jurídica?

El caso de Cassandra Vera se parece mucho al de Rita Maestre. Según como se interprete puede verse delito o no verse. De hecho en el caso de la última, el juez de primera instancia siguió un criterio parecido a la Audiencia Nacional con la twittera, mientras que el tribunal de segunda instancia no apreció que la concejal quisiera realmente ofender los sentimientos religiosos de nadie. De ahí la absolución.

A título personal no creo que delitos tales como el enaltecimiento del terrorismo o de ofensa a los sentimientos religiosos, entre otros, deban desaparecer como propuso Podemos en Congreso hace pocos días [véase: http://politica.elpais.com/politica/2017/03/27/actualidad/1490612045_208684.html]. La libertad de expresión tiene límites, y para determinados usos hasta límites penales. Eso sí, sería muy conveniente reformular sus redacciones para evitar estas zonas grises y el riesgo que comportan de penar conductas que no parecen agresivas hacia nada ni nadie.

A Cassandra Vera se le ha truncado su vida, al menos por unos años, ya que aunque con una pena de sólo un año de prisión y sin antecedentes no entrará en la cárcel, pierde su derecho a recibir becas lo que la impide seguir cursando la carrera de historia [véase: http://verne.elpais.com/verne/2017/03/30/articulo/1490862572_600071.html]. Su tragedia personal grave en sí misma, es ilustrativa de una tendencia muy peligrosa que cada vez se deja oír más fuerte en todo el espectro político: pretendemos convertir el Derecho Penal en el guardián de la buena educación, de las buenas costumbres, de lo políticamente correcto, de nuestros valores; y, con todo el respeto, esa no es función.

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