Sobre el derecho a la vida … y a la muerte

Seguramente sorprenda pensar a los que piensan que los debates son ingenuos y propios, que son novedosos y endógenos, es decir, que cuando surgen en la sociedad de un país determinado … a veces con mirarse en el espejo a otras sociedades puede llegar a conclusiones distintas. Quien quiera recibir un “master” rápido en política de los Estados Unidos, basta con mirarse de cabo a rabo la serie “El ala oeste de la Casa Blanca”. Y es que en ella se repasan no sólo el formato de organización de la presidencia, del congreso y demás instituciones, sino de cuales son los debates que se daban en el país. Y, entre ellos, estaba ya, en los 90, el aborto y el impuesto de sucesiones.

Si, el tema del aborto lleva bastante tiempo en la política de Estados Unidos. El caso Row vs Wade es derecho desde el 22 de enero de 1973. Reconoció el derecho al aborto inducido. Y durante los años 80 y 90 se extendió el fenómeno de los llamados pro vida, incluso, el de los terroristas que ponían artefactos explosivos en las clínicas abortistas. Se imaginan a un fan de Carlos Salvador poniendo uno o varios tuvos de goma 2 y volando una de estas clínicas? Afortunadamente, esta vertiente, no la hemos conocido en Euzkadi. Si me preguntan, les diría que no sólo vale con nacer, sino la vida, el derecho a la vida, es algo mucho más allá. El derecho a una vida digna. Derecho a la salud, a la educación, y a servicios sociales. Y a un trabajo digno, a una vivienda digna … ahí les quiero ver también a los pro vida. Abandonar a la criatura en el momento de la concepción es una cobardía imperdonable. Incluso, bajo los preceptos de su Díos.

Seguramente sorprenda que los términos en los que se establece el debate sobre el impuesto de sucesiones ya se dió, incluso con ese nombre de impuesto a la muerte, en los Estados Unidos, en los años 90. Casualidad (o no) en aquellos momentos estaba muriendo la primera generación de afroamericanos que había alcanzado la fama y la riqueza. Y este asunto puede usarse como caballo de troya de otro grupo de gente, como lo que en EEUU se llama libertarios (seguidores de gente como el asesor de Pinochet, Milton Friedman). Impuestos … los justos y necesarios, ni más ni menos. Sin pasarse la muga (frontera) de lo extractivo, de lo confiscatorio. Es lo necesario para que el estado, las instituciones, puedan permitir una equidad (como la que ofrece el índice de Gini o el 80/20) en una sociedad en la que nadie se quede atrás. Esa es la clave. Ser justos, y ser solidarios.

El derecho a la vida y el derecho a la muerte son temas que no sólo se han tratado en las últimas décadas del siglo XX, sino que acompañan al ser humano desde el momento en el que se hicieron túmulos, porque el ser humano se dió cuenta de su propia mortalidad, y empezó a pensar en esa pérdida, en todo asegurada. Que va a llegar, tan seguro como el nacimiento de la nueva gente como descendientes nuestros. Y este hecho debe mostrar una cosa, sencilla. Estamos “programados” para creernos todo lo que nos venga, en un momento, el pasado remoto, en lo que esto era una ventaja competitiva para la supervivencia. Ahora, cuando ya no es necesario este hecho, es fundamental, en la niñez, el momento más maleable, y en el que aprendemos más y mejor, introducir en los jóvenes el pensamiento propio, con criterio. Enseñar a pensar por uno mismo, pensamiento crítico, para poder desarrollar hipótesis y teorías, y así, afrontar debates, también el de la vida (el tema del aborto) o la muerte (el impuesto de sucesiones) sin que nadie pueda imponernos los términos o los límites del debate. Y que el reto de alcanzar y asumir las oportunas conclusiones, con el bien común como brújula, sea un proceso consciente, transparente y siendo conscientes de que no somos los únicos en el mundo cuya resolución importa. Nacemos en comunidad. De lo local a lo global y de lo global a lo local. Aldea Global, aldea local. Habrá que introducir esta variable en nuestras reflexiones … glocales. Y que la suerte, como siempre, favorezca a los más preparados.

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