Donald Trump se acerca (mucho) a la casa blanca

Las últimas elecciones primarias en el Estado de Indiana han supuesto en el bando republicano un antes y un después en el tortuoso camino hacia la casa blanca. Donald Trump obtuvo lo que en la jerga americana se conoce como una landslide victory o lo que es lo mismo, una victoria arrolladora sobre sus adversarios. Los efectos de esta victoria no se hicieron esperar; los candidatos Ted Cruz y John Kasich se retiraron de la contienda pues eran conscientes que ya no tenían nada que hacer para evitar que Trump llegase a los ansiados 1.237 delegados para obtener la nominación directa en la convención nacional de junio.

Todo lo anterior, lleva inexorablemente a que Trump sea el candidato del GOP a las elecciones americanas de noviembre, las cuales, por cierto, tiene posibilidades de ganar por varias razones, aquí unas cuantas:

  • Nadie daba un duro por Trump hace un año. Todos los analistas apuntaban que un candidato con una jerga tan radical y grosera no tenían posibilidades. Si eso podía amenizar el proceso de primarias pero poco más. Pues bien, los hechos se han empeñado en demostrar que esa forma de expresarse ha sido un rotundo éxito pues ha conseguido conectar con las clases medias americanas castigadas por la crisis, las cuales demandan mensajes claros y contundentes. Esta claridad y contundencia ha derrotado a otros candidatos, a priori, mucho más fuertes como Marco Rubio, Jeb Bush, Chris Christie o Ben Carson.
  • En EEUU reina un ambiente antiestablishment, esto es que los americanos están cansados de los políticos de Washington y de la política convencional que practican. Existe el sentimiento generalizado de que los políticos se han convertido en unos funcionarios del Estado que lo único que pretenden es tejer una compleja red de intereses con el único objetivo de perpetuarse indefinidamente en el poder. Donald Trump es lo contrario al establishment, él no necesita amigos que le hagan jugosas donaciones para que luego les devuelva el favor tampoco necesita hacer la pelota a nadie, prueba de ello son los ataques despiadados que lanza sobre algunas corporaciones y grupos de poder americanos.
  • Ha sabido conectar muy bien con las clases medias trabajadoras americanas más castigadas por la crisis. Los estudios de opinión demuestran que éste es el electorado más numeroso y además el que más vota. No obstante, lo más importante es la localización de este tipo de voto que se concentra en los denominados swing states, es decir, aquellos que votan demócrata o republicano dependiendo de las elecciones. Algunos de estos Estados son Pensilvania, Ohio, Missouri, Wisconsisin y Virginia. Si Trump vence en algunos de estos Estados tendría muy fácil ganar las elecciones.
  • Su previsible rival, Hillary Clinton, es el paradigma del denostado establishment. Nadie duda de su gran preparación para el cargo de presidenta ni tampoco de sus buenas intenciones pero su vinculación con la vieja política americana puede suponer un importantísimo lastre. A todo ello hay que sumar su pasado político más reciente como secretaria de Estado en la primera legislatura de Barack Obama: el escándalo de los emails de alto secreto enviados desde su cuenta personal de correo y no desde la cuenta oficial y el oscuro ataque islamista a la embajada americana en Libia que costó la vida al embajador. Estos asuntos podrían ser judicializados en los próximos meses a la vez que explotados por Trump para acabar con la popularidad de Hillary.
  • Las encuestas nacionales empiezan a estrechar la diferencia en intención de voto entre Clinton y Trump hasta el punto de que hace escasos días la prestigiosa firma Rasmussen Reports difundiese un sondeo en el que colocaba a Trump dos puntos por delante.

Aún queda mucho partido y pueden pasar muchas cosas pero hay algo que debemos tener claro; hace exactamente un año nadie daba un duro por Donald Trump y fíjense dónde está ya.

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