El Comité Creel

Comité Creel

Este viernes 11 de noviembre se cumplen 98 años del armisticio de la Primera Guerra Mundial. En consecuencia, el presente artículo ofrece una aproximación al estudio de la manipulación de la Opinión Pública, y como esta se utilizó para legitimar el conflicto armado por parte de los Estados Unidos.

Nos referimos a lo que se conoció como ‘Comité de Información Pública’, y que con el paso de los años simplemente quedó como el ‘Comité Creel’. Este nombre se debe al que fue el encargado de capitanear tal comité, George Creel. Nacido en 1876, fue un periodista que logró destacar en el sector por sus grandes dotes en el oficio. Esto provocó que a acaballas de la Primera Guerra Mundial, el que fue el vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, y premio Nobel de la Paz en 1919 como impulsor de la Sociedad de Naciones, le encargará engendrar un nuevo estadio de opinión pública en su país.

Por encargo del Presidente, Creel organizó un grupo de trabajo con la misión de influenciar en la opinión pública norte-americana en relación al conflicto bélico. Así pues, se creaba el grupo que existiría dos años, hasta el final del conflicto.

Su propósito existencial era convencer a la sociedad y lograr su apoyo (aprobación) para el desarrollo militar. Se trataba de una organización formada por grandes mentes de la época tales como periodistas, escritores, agentes de prensa, publicistas, e intelectuales del momento. Todos ellos, capitaneados por Creel, y divididos en grupos dentro de este mismo comité para así desarrollar diferentes acciones, desde organizar meetings u ofrecer opinión de análisis internacional. Eso sí, siempre a favor de su país.

Se debía convencer a la gente del deber americano en la guerra y unir a los civiles, a través de propaganda patriótica. Se trataba de un proyecto de comunicación que buscaba agrupar a muchos perfiles diferentes. En consecuencia, la prensa fue utilizada para dicho ejercicio.

Se defendía el deber moral del conflicto, para así poder resguardar la paz mundial y salvar las libertades: “tenemos la fuerza”. Por otra parte, también se logró el apoyo económico a través de la utilización de los bonos de guerra: el civil dejaba un préstamo al estado, y este se lo debía devolver con un pequeño interés. A cambio, el ciudadano recibía un enorme orgullo moral. A nivel internacional, se buscaron simpatizantes y dividir al enemigo.

Repasemos las acciones realizadas por Comité Creel, para así entender como fue capaz de lograr su objetivo:

-Influencia en la prensa de la época. Se publica información a favor de los intereses de los Norte americanos.

-Campaña de recaudación económica a partir de los bonos de libertad (guerra). Venda de títulos para financiar la guerra.

-Movilización de la postura ciudadana a favor del conflicto, y apoyo económico a entidades implicadas como la Cruz Roja.

-Creación de los ‘Grupos de 4 Minutos’. Se creaban grupos de voluntarios, los cuales se distribuían por el territorio y hacían discursos patrióticos para así convencer a sus oyentes. Tenían una duración de 4 minutos para así ser más efectivos.

Todos estos esfuerzos se concentraban en un decálogo de principios, utilizado en su campaña para legitimar las acciones. Rezaba lo siguiente:

-Los Estados Unidos no desean la Guerra.

-Ha sido el enemigo quien ha empezado el conflicto.

-El enemigo es moralmente condenable.

-La intervención de los Estados Unidos está justificada.

-El enemigo ha cometido atrocidades.

-El enemigo sufre más bajas en combate que nosotros.

-Esta Guerra es justa.

-Tenemos el apoyo de la élite intelectual.

-El enemigo hace uso de armas prohibidas.

Y por todo esto, quien dude está cometiendo un acto de traición a la patria y probablemente haya sido víctima de la propaganda enemiga.

Walter Lippmann, uno de los prodigiosos periodistas que formó parte del Comité Creel, una vez terminado el conflicto resumió la experiencia de una manera muy precisa: “Bajo ciertas condiciones, los hombres responden con la misma fuerza a las ficciones y a la realidad… en muchos casos ayudan a crear las ficciones mismas a las que responden”.

Muy consciente de la capacidad de condicionamiento que practica la Opinión Pública en una sociedad, y la capacidad existente para moldear esta opinión pública, el autor definía que esta se conforma a partir de los medios de comunicación y los estereotipos que estos crean. Reducen la extensa y compleja realidad, difícil de abarcar, y queda resumida a una serie de imágenes mentales que no son nada más que una reducción, pero que resultan tanto fáciles como útiles para las personas.

Y esto aún hoy sigue al pie del cañón: asociamos una imagen a cada realidad con la que nos relacionamos, y esto nos facilita poder interactuar con ella, ya que simplifica el proceso. La cosmovisión queda condicionada por estos estereotipos. Sean o no discriminatorios, son capaces de resumir la capacidad de una democracia a unos principios muy ajustados.

Por todo esto, felicitemos al Comité Creel por su espléndido trabajo: los Estados Unidos, como grandes ganadores del conflicto y salvadores de las libertades, son hoy en día recordados como los buenos. Como bien sabían los filósofos políticos de la Antigua Grecia, el gran problema de la democracia, y en general de cualquier sociedad, es el gran nivel de desconocimiento de sus ciudadanos.

Quizás lo mejor y más sincero sea procurar crear una opinión pública que nos favorezca porque, a fin de cuentas, cada ciudadano como parte de una sociedad acabará adoptando un prisma u otro. Así pues, mejor procurar que sea el que nos favorece.

Como nos recuerda la cita de Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas: “La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importantes en las sociedades democráticas”.

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