Euzkadi, Nación Foral 4.0

Socialmente, cualquier constructo humano no deja de ser artificial hasta cierto punto. Nada es natural, más que nada, porque muchas enfermedades son naturales, y el ser humano ha podido progresar cuando se ha apartado de la naturaleza y ha construido su propio entorno para su propio bienestar. Pero, esta constatación de un hecho evidente, y que no debiera servir para imponer unas realidades sobre otras, sino entender que la democracia es el derecho de los vivos, y no de los muertos, que es más el plebiscito diário de Renan y la constitución de cada generación de Jefferson, y no la ley de las generaciones pasadas de Balmes o De Maistre. Cuando se dió esta interpretación, a finales del siglo XIX, la revolución francesa (con todas sus contradicciones, y claro-oscuros, incluyendo a nuestro país) ya era una tradición centenaria. El paso del tiempo no puede ser una condena, sino una oportunidad, y hay que moverse. Suelo, la historia. Salto, el impulso, la voluntad de ir hacia adelante. Dirección, ideología e identidad, la brújula para que no sea en vano. Y todo esto se va adaptando en estructuras sociales de las que el pueblo se dota, como no podía ser de otra manera. Y en el caso vasco, todo ello, se sintetiza en lo que conocemos como foralidad.

Como en cualquier otro sistema constitucional propio, la foralidad, heredera del histórico derecho derecho tradicional vasco (que pudo vertebrar, en su momento, el Ducado de Vasconia, del que fueron hijas directas tanto el Señorío de Bizkaia como el Reino de Navarra), una de las fuentes que debiera ser considerada de derechos fundamentales, de libertad e igualdad, de Europa y el Mundo, en el sistema foral se incorporan mecanismos para su propia actualización. Y esto es importante. Una constitución lo es por 3 motivos. Es una ley especial, con sus propias características en su creación y desarrollo, dos, tiene una protección especial para su modificación, y desde 1920, con el austríaco Hans Kelsen como ideólogo, la noción de un tribunal especial que garantice la constitucionalidad de los elementos del sistema. Obviamente este mecanismo es visible en aquellas constituciones creadas a partir de esa fecha, aunque en las anteriores sus atribuciones estén en el órgano jerárquico de mayor rango, como el Supremo, en EEUU. Hay que actualizar, obvio, pero siempre dentro del sistema. Desde fuera es siempre una imposición intolerable que socava la independencia y soberanía del conjunto de los ciudadanos.

Seguramente cuando se producen las revoluciones o saltos, en el conocimiento, en la tecnología, y también en los sistemas políticos, no sólo se pueden cometer injusticias, sino estas ser provocadas por la simplificación y el simplismo, la ignorancia sobrevenida e interesada. Y es que la clave de la foralidad es que es un sistema aparte, ni mejor ni peor, pero si distinto, y el propio lema de la Unión Europea es unidad en la diversidad. Ya debió pasar a la historia el concepto de estado nación nacido en el siglo XVII en la paz de Westfalia. Y es que el concepto de intervención humanitaria rompe ese elemento. Hay casos en el siglo XX y XXI en el que el mundo debe, o debiera, intervenir ante injusticias y violaciones masivas de DDHH. Otra cosa es la oportunidad política. Y es que, también, lo de los estados de más de una nación, no es un invento del siglo XX, sino que, con otras formas, ya era cosa de la realidad cotidiana de los pueblos.

Ser distinto no debiera ser un problema. El problema está en ver al diferente como privilegiado. O, dicho de mejor manera, que lo que tu haces y deseas hacer, lo proyectas y acusas al de enfrente. No manipules, que eso ya lo hago yo. Y eso no puede ser. Privilegio es aquello que un colectivo determinado tiene con respecto al resto de la ciudadanía. Nunca puede ser un privilegio aquello que tienen unas colectividades con respecto a lo de sus vecinos, porque, entonces, la Constitución de Andorra sería un privilegio con respecto a los pueblos del Languedoc y de Catalunya. Y es que, tener un derecho distinto, en un pueblo de tamaño mediano, como pueda ser Euzkadi, compuesto de 3 realidades, como puedan ser País Vasco y Navarra y el País Vasco francés, más que una rémora para el futuro, es una oportunidad en vanguardia de los asuntos. Son los países grandes los que corren el riesgo de no adaptarse.

A veces es forzado, pero de todo se puede sacar algo positivo, o una lección. Si, la foralidad ha sido podada muchas veces. A veces, parecía que se hubiera extinguido, pero sin el tesón de vascas y vascos, de muchas generaciones, por evitarlo, dando un hilo de continuídad foral incluso en los tiempos más oscuros, así hubiera sido. Y es que, se quiera entender o no, los dos elementos fundamentales de la agresión a los fueros en el siglo XIX español, ya se daban de manera voluntaria. Pero esa es la clave. Voluntaria. Se pagaban tributos? Si, pero el estado ni pinchaba ni cortaba. Se daba un donativo al estado cuando hacía falta y ya. Sin saber si los vascos pagaban impuestos o no. Se presumía que no, de ahí lo de provincias exentas. Lo mismo que el servicio militar. Los vascos iban al ejército español? Pues claro que si. Ah! Pero con una salvedad, como profesionales (que igual hoy llamaríamos mercenarios), al igual que había de otras nacionalidades (escandinavos, alemanes, italianos, suizos …), porque, aunque dentro del mismo estado, eran de una nacionalidad aparte, y sólo podían ser llamados a quintas, por las instituciones vascas, si su territorio era comprometido. Y como el estado quería garantizarse un dinero anual y unas quintas como los demás, fue sustento de afirmar que eran privilegiados, y que había que acabar con ello. Fruto del desarrollo posterior de la foralidad actual y del concierto, ha podido mantenerse la idea tradicional de actualización contínua. Y eso, en el mundo actual, es fundamental.

Ser ágil y absorver las corrientes de progreso es fundamental. Bien lo sabe un estado tan pequeño como Israel que es una de las potencias tecnológicas del mundo, que en su artículo 2 de la constitución dice que todo judío del mundo tiene derecho a migrar a Israel. Bien gestionado, el problema de las migraciones (voluntarias, y sin confundir con otros aspectos) es de ayuda en el desarrollo de una sociedad. Y no es cosa de las aboliciones forales, derogadas a su vez por la disposición derogatoria segunda de esa constitución española de 1978 que en su adicional primera reconoce y ampara la foralidad, y que en País Vasco aprobó poco más de un 30% del censo, y en Navarra poco más del 50, sino de la forma del sistema foral, que es un sistema casi plenamente democrático, como dijo en su momento un tal Karl Marx. Democracia, de abajo a arriba, desde el municipio hasta las instituciones de la nación, sin miedo y sin prejuicios. No hay ningún ancianito sabio, las cosas tampoco surgen, sino que son depositadas por capas, que se van estratificando, y por experiencia, se van mejorando y perfeccionando. Así es el derecho consituedinario, el derecho que hace que adaptarse a las nuevas realidades sea fácil, siempre que la opción esté abierta.

Restauración foral plena. Instrumento de capacidades de futuro. No puede ser que se quiera acabar con el fuero, con la idea de … liquido la institución que, si se réune, actualiza el fuero. Y como no se puede reunir, el fuero, la ley, se queda vieja. Y al quedarse vieja, no sirve a los nuevos retos. Y al ser así, se puede declarar fuera de tiempo como si fuera una antigüalla. La misma que algunos nos dijeron del Sistema de Concierto y Cupo, que, de parecerlo, puede ser la solución no sólo al modelo de financiación de las CCAA de régimen común, sino a la futura relación de los estados miembros de la UE con las instituciones comunes, y así garantizar una solvencia mínima a la capacidad de proyección de Europa sobre el mundo. Y es que, seguramente, el futuro de Europa está en estados del tamaño de Irlanda, Austria, Eslovenia, los bálticos, Holanda, Bélgica … Euzkadi o Catalunya. Como dijo Gandhi, quiero que los vientos de todas las culturas soplen en mi casa, pero no que en el camino la mía quede destruida para la historia. Glocalización. Pensar en global, actuar en local. Raíces, y cuanto más próximas al sentir del pueblo, mejor, por eso, si se le deja, el hecho foral está mejor adaptado que otros sistemas a la globalización.

Pero, porqué entonces es Euzkadi Nación Foral 4.0? Porque un pilar básico de la economía es la industria. Se dijo que la mejor política industrial es la que no existe. Afortunadamente las instituciones vascas no lo tomaron en serio. Hay que hacer industria. Actualmente, el País Vasco tiene mayor porcentaje de participación en la industria que Alemania, y ya cumple los objetivos marcados por la UE, y aún así, no hay que caer en la complacencia. Ser puntero, no en todo, sino en determinados nichos y sectores en los que se puede ser de los mejores del mundo. Ser competitivos, sin dejar de ser cooperativos. Esas dos pulsiones deben estar en la UE. No competir en lo bajo, sino por arriba. Y ahí se entiende la idea de una política fiscal común. No, no van a desaparecer las haciendas de cada país, ni mucho menos, Concierto y Convenio, sino fijar unas tasas de IVA o Impuesto de Sociedades común a países tan diversos como Irlanda o Luxemburgo, frente a otros como Suecia o Portugal. Hay que tener claros los conceptos, y saber aprender a aprender. Un aprendizaje contínuo, no de datos, sino de donde encontrarlos, y el proceso de, cada cual, hacer su reflexión y sacar conclusiones oportundas. Esa es la clave, ciudadanos formados e informados.

Al fin y al cabo, como en cualquier modelo, la clave de todo, no es lo maravilloso que este sea, sino la capacidad de la ciudadanía de entenderlo y reproducirlo en el futuro, y, si se llega el caso, a defenderlo. Conciencia, consciencia, identidad, ser para decidir, es clave para que la gente pueda ser dueña de su futuro. El resto de elementos no deja de ser sino herramientas, como todo, construidas, con tiempo, paciencia, y las más de las veces, generaciones, de las que, con el aprendizaje de prueba y error, se acaba apostando por lo mejor adaptado, lo que mejor responde ante los retos. Lo más útil para la gente. La ley no es la ley en sí, o, no debiera. Como dijimos, la ley es, ante todo, la forma en la que se adopta esa ley, esas normas de convivencia, ese cuerpo de normas, cuyo pináculo, sería la constitución, en el caso vasco, la foralidad, el fuero, que no excluye en que pueda ser compartido con otros pueblos, y existir en un país plurinacional, como es España, de los estados más compuestos de Europa y el Mundo, aunque, las más de las veces, no se quiera reconocer como tal.

Entendiendo pues, en suma, que la historia no justifica ni ampara cambios en el futuro, ni en continuidad ni en discuntinuidad (dado que, no hay más que mirar la cantidad de estados que hay antes y después de cada guerra mundia, tras la cáida de los imperios soviético y yugoslavo, o actualmente en 2017), es imprescindible entender que, para los vascos, el siglo XIX es fundamental, pues es cuando el nacionalismo español trata de conformar de un estado compuesto, una única nación excluyendo y enterrando al resto, y de ahí, el intento de liquidar las instituciones vascas, que son las que construyen las leyes forales, sea tanto una catástrofe como un reto, una resistencia a dejarse al pueblo vasco fuera de la historia, que, con voluntad, sigue aquí. Y si el Concierto y Convenio son acordados, en el resto de terrenos, puede aplicarse dicho principio, aceptado en la Constitución de los españoles, como pudiera ser un Concierto Político, para Bizkaia, Navarra, Araba y Gipuzkoa. Una vez abierta la opción de la restauración foral plena, que fue bandera del nacionalismo vasco desde su fundación, la foralidad puede ser la vía para un encaje propio de la nación vasca en el actual contexto europeo.

Es clave, en el mundo de las nuevas tecnologías (que ya no lo son tanto), de las redes sociales, de la globalización, del libre comercio, tener un ancla al que echar al suelo, a la tierra, que nos ate y ligue a la realidad. Txapela buruan, ta ibili munduan. Ser vascos es nuestra forma de ser europeos. Sin una identidad ligada a la realidad, seríamos como sectas, sin historia pero con dogmas, o barcos a la deriva que les da igual un puerto que otro, y que no distinguen ni valoran lo propio y lo ajeno. Hacer categorías no es malo, siempre que al afirmar lo que uno es no se odie lo que uno no es, simplemente, que hay diferencias, y que eso es sano, y, antes que eso, realista. Y desde esa base, construir solidaridades, desde las realidades nacionales de cada cual. Sólo desde el reconocimiento del derecho ajeno se podrá alcanzar la paz y la prosperidad necesarias para que la convivencia pueda ser perdurable, desterrando conceptos como “es por tu bien” y usar el viejo lema foral, no imponer, no impedir, ni yo sobre ti ni tu sobre mi. O el lema de los infanzones de obanos, ciudadanía libre en una patria libre. Sin mayores complejos, el futuro, como en el pasado, nos pertenece, y seremos nosotros y nosotras los que debamos decidir cual es el rumbo del futuro que queramos adoptar. Por ello, hoy más que nunca, Euzkadi, es una nación foral.

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