El IBI y la Iglesia Católica ¿un abuso?

Desde hace unas semanas le doy vueltas y remiendos a un artículo sobre el régimen fiscal de la Iglesia Católica en España. No es apropiado para DMKT, porque su tono quisquillosamente jurídico desentonaría por pedante y confuso. Aunque he pensado que sí estaría bien hablar un poco aquí del famoso IBI y la Iglesia desde la faceta más humana que en mi otro texto ahogan los tecnicismos.

Unas semanas atrás, el Congreso aprobó una proposición no de ley en que se pedía que la Iglesia Católica tributara por el IBI. Carece de valor efectivo, ya que se trata de una simple declaración. El régimen tributario de la Iglesia es una cuestión polémica. No ayudan a esta cuestión ni al catolicismo en general ciertos obispos y algunos párrocos, cada vez que vomitan la Palabra en escupitajos con sus declaraciones de odio, pobres de empatía y respeto. De todos modos, sin querer quitarle importancia al dolor que causen, la verdad de la Iglesia como la de cualquier organización humana pasa por examinar sus bases, los párrocos vocacionales y los fieles quienes a menudo oyendo según qué no sabemos si sentirnos más incomprendidos por la postmodernidad o por nuestra jerarquía.

En todo caso, hay que explicar que el régimen económico de la Iglesia se regula en el Acuerdo del 3 de enero de 1979 sobre Asuntos Económicos entre España y la Santa Sede que, entre otras cuestiones implica algunas exenciones fiscales dentro de algunos impuestos. Subráyese “algunas exenciones”. La Iglesia no está exonerada de pagar IBI por todos sus bienes, sino únicamente por los compendiados en el art. IV del tratado. Esto es: templos, residencias sacerdotales, seminarios y edificios tipo conventos. El resto de propiedades, a saber, un inmueble ordinario, un parking al lado de una Iglesia… Todo eso tributa por muy a nombre de la Iglesia que esté.

Es importante recordar que hace dos años el PP reformó el art. 206 de la Ley Hipotecaria por medio de la Ley 13/2015 de 24 de junio desposeyendo a la Iglesia de la capacidad de ponerse a su nombre en el Registro de la Propiedad bienes inmuebles sin propietario. Dese ese momento el régimen tributario y fiscal de la Iglesia no presenta variaciones al de otros entes entre ellos algunas religiones con relaciones estables con el Estado.

En el caso del IBI, sin ir más lejos, también están exentos, los bienes propiedad del Estado, las CCAA y los entes municipales, los de las confesiones Evangélica, Hebrea e Islámica en términos análogos a la Iglesia Católica, los bienes de la Cruz Roja, y previa solicitud los bienes pertenecientes a centros de enseñanza concertados y en determinados casos bienes declarados de interés cultural… (art. 62 RD Legislativo 2/2004). Esto sin tener en cuenta otro tipo de exenciones previstas niveles

Siempre he sido de la opinión de que en el caso del IBI los problemas no vienen por las exenciones que existen tanto como por las que no existen. Es injusto que las familias más pobres deban pagarlo según el valor de su inmueble y no el de sus ingresos. En todo caso si se quiere abrir un debate acerca de las condiciones fiscales de la Iglesia sería bueno no considerarla como un ente que disfruta de unos exclusivos “privilegios” sino analizar su régimen tributario junto al de otros entes que disfrutan de uno similar. En caso de dirigirse sólo contra ella, la supuesta crítica reformista degenera en discriminación. Y hay mucho que recriminar a la Iglesia Católica, pero ningún derecho a despreciar en bloque a la gente que la formamos parte de ella.

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