La deriva de Europa

Me estreno hoy día 23 de junio para hablar sobre nuestro continente. La fecha de hoy, remarcada por el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, es pues oportuna para hablar sobre el rumbo de Europa.

Esta reflexión no se hace necesaria solamente por la permanencia británica sino por una serie de fenómenos políticos y sociales que están teniendo lugar en el viejo continente. Estos fenómenos nacen de nuevos retos siendo el más destacable la crisis de refugiados.

La anterior crisis ha desencadenado un desafortunado ascenso de la extrema derecha, a la cual ya creíamos definitivamente sepultada bajo los extendidos valores de la democracia. No obstante, el pasado mes de mayo, tuvimos que expectar sobrecogidos lo cerca que estuvo un partido xenófobo (el FPO) de hacerse con el gobierno de Austria por no hablar del peligroso aumento del número de votos de otras fuerzas ultraderechistas como el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, el Jobbik en Hungría etc.

Así pues tanto el Brexit como el ascenso de la extrema derecha se constituyen como fuentes de inestabilidad para la UE, como, sin lugar a dudas, una amenaza para el futuro de Europa; son dos caras de una misma moneda. Sin embargo, pese a la preocupación que estos acontecimientos conllevan, podemos hacer una lectura con mayor amplitud de miras. Toda etapa de cambio conlleva inestabilidad que, una vez superada, conduce al progreso.

Como si de una ley histórica se tratara, en todo momento de profundos cambios surge la reacción, fuerzas anacrónicas que intentan dar marcha atrás al reloj de la historia como lo fue la firma del Congreso de Viena en 1815 que pretendió salvar un sistema social ya caduco, el Antiguo Régimen. De este modo, bajo la perspectiva optimista, vemos como la inestabilidad y el intento de volver al pasado no más que una etapa de algo más grande, el cambio histórico.

En conclusión, los europeos y las europeas atravesamos un momento de inestabilidad amenazados por tendencias que buscan recuperar modelos del pasado basados en el aislamiento nacional que son contrarios al cambio al rumbo de la historia en el contexto de un mundo globalizado. Así pues Europa atraviesa una tormenta de la que saldrá fortalecida y cambiada, habiendo superado sus errores y habiéndose impuesto el progreso sobre el deseo de dar marcha atrás.

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