La situación política en España, la dedocracia como síntoma

La situación política en España, la dedocracia como síntoma

La parálisis política en la que estamos inmersos producto del fin del bipartidismo, es el síntoma de una estructura del Estado construida para el bipartidismo en 1978 en el que el fundamento era la alternancia de dos partidos en el poder, con acuerdos alternativos con los nacionalistas si eran necesarios para la gobernabilidad estatal.

De esta lógica de la alternancia polìtica en el gobierno entre dos opciones se ha construido un sistema político estatal que se identifica con el gobernante y partido de turno y en el que parece lo más lógico que el que ejerza el poder tenga a su servicio todo el control y el poder del Estado con el agravante de que la separación de Poderes en el Estado es una ficción.

En la práctica no hay separación de Poderes entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el ejecutivo de turno utiliza al resto de los poderes que deben de ser independentes en su intereses personales y partidistas.

De esto deriva la identificación entre el partido gobernante y el ejecutivo como la misma cosa y que el partido que le da soporte al ejecutivo sea el que maneja todo los mecanismo de control del Estado.

De esta concepción general fruto del régimen de la Transición en la que dos partidos se han alternado en el gobierno pero que un partido ha sido el que ha gobernado y controlado todo el Estado y sus mecanismos de forma mayoritaria mientras el otro estaba en la oposición y al contrario cuando ha habido cambio de gobierno, hemos heredado la identificación de control del Estado con el partido gobernante.

Esta concepción del Estado y del poder con un partido que lo controle todo el aparato del Estado hace difícil que se pueda llegar a acuerdos de gobiernos de varios partidos porque no hay acuerdos para ver quién controla el Estado sino hay subordinación de unos a otros.

En España como en muchos otros países de nuestro ámbito geográfico y económico con constituciones liberales en la práctica las élites económicas gobiernan en la sombra por medio de las cúpulas de los partidos que estas élites corrompen, las puertas giratorias son una de las formas de pago pero no la única, el apoyo mediático, la financiación legal e ilegal entre otras muchas son el pago de las élites económicas a las élites cupulares de los partidos por sus servicios prestados.

La escasa democracia interna de los partidos es lo que permite esta situación, el culto al líder carismático y el caudillismo es la forma habitual de funcionamiento en los partidos, tanto nuestra tradición histórica poco dada al colectivismo como nuestra escasa tradición democrática lo facilitan, esto predomina no solo en la derecha sino en la izquerda también, de las cuatro propuestas más votadas el 26J, en ninguna de ellas se hizo primarias que merezcan tal nombre, a lo más que se llego fue a simulacros de estas, lo que impera es “el dedazo” con lo que el control de los aparatos burocráticos políticos de los partidos colocan a los suyos para tener un control efectivo del poder legislativo y del ejecutivo llegado el caso.

En los partidos políticos los atributos apropiados para prosperar son la obediencia ciega al líder, o al menos en apariencia, pertenecer a una corriente con poder, el oportunismo, la habilidad para cambiar de opinión sin despeinarse, la inclinación a la conspiración y la trampa cuando las cosas no salen como se esperan, y por supuesto la flexibilidad para mantenerse a flote indistintamente de la corriente o facción que sea mayoritaria y que ostenten el poder interno en cada momento.

En definitiva se terminan conformando unas burocracias profesionales en las que predominan los intereses particulares para perpetuarse en los aparatos de control interno. Los individuos, honrados e idealistas que creen en la política como un ejercicio de honradez y democracia terminan yéndose cuando ven como se funciona internamente, con los que la mediocridad y la corrupción es lo que termina predominando.

Hay quién dice que esta partitocracia que domina la política nacional no tiene solución porque en los partidos políticos por su estructura interna y de funcionamiento se tiende al verticalismo y a la conformación de unas élites cupulares que son las que toman las decisiones y a las que corropen las élites económicas.

Hasta que no haya una propuesta colectiva, político y social con DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y HORIZONTALIDAD, con control de las bases efectiva nada va a cambiar, no importa el signo político e ideológico del que gobierne, nada va a cambiar porque aquel que dice defender un proyecto colectivo pero las decisiones las toman las cúpulas es porque no tienen el más mínimo interés de cumplir lo que promete, son propuestas de “populismo populachero” son propuestas de “TODO POR EL PUEBLO PERO SIN EL PUEBLO”.

Con este panorama podemos ir a votar tres, cuatro, cinco o las que sean pero mientras en los partidos no haya democracia interna nada sustancial va a cambiar, independientemente de la ideología del que gobierne va a gobernar en función de los intereses de las élites económicas, únicamente lo que va a cambiar es que eso se va a realizar de forma más burda como pasa cuando gobierna la derecha o de forma más sutil cuando gobiernan los partidos de izquierdas, pero el resultado final es el mismo, desigualdad social y económica cada vez más agudizada.

Cuando haya una propuesta política y social que se rija por democracia participativa y horizontalidad con control de las bases se empezarán a poner las bases para transformar nuestra sociedad en una más justa, mientras habrá más de los mismo de lo que tenemos y por el momento no hay ninguna propuesta política en el panorama que sea una “propuesta política y social que se rija por democracia participativa y horizontalidad con control de las bases”.

Esperanzador es que cada vez seamos más los que somos conscientes de que sin una propuesta colectiva política y social que se rija por democracia participativa y horizontalidad con control de las bases nada va a cambiar y cada vez somos más los conscientes de que hay que crearla porque en el panorama político actual “ni la hay ni se la espera”.

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