Los Juicios de Núremberg

Fotografía de los Juicios de Núremberg

Los Juicios de Núremberg constituyen el primer antecedente en la historia de la humanidad de un Tribunal Penal Militar Internacional. El Tribunal fue creado para enjuiciar y sancionar los crímenes de guerra y contra la humanidad que se habían cometido durante la Segunda Guerra Mundial; pero la gran novedad era que, por primera vez, los Estados vencedores de una guerra no sancionaban a las potencias vencidas, sino que persiguieron, juzgaron y sentenciaron a sus líderes de forma individualizada como responsables de los crímenes cometidos tanto fuera como dentro de sus fronteras nacionales.

El Tribunal de Núremberg fue creado por la Carta de Londres de 8 de agosto de 1945, aunque ya en 1942, durante el transcurso de la guerra, las potencias aliadas habían reconocido la necesidad de crear un tribunal para identificar a los culpables directos e indirectos y enjuiciar los crímenes que se estaban produciendo durante  la guerra (cabe mencionar que junto al tribunal de Núremberg, el 19 de enero de 1946 también se creó el Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente, más conocido como Tribunal de Tokio, con la finalidad de enjuiciar a los oficiales japoneses por los mismos crímenes por los que enjuiciaron a los nazis).

Pese a que Berlín habría sido la ubicación más natural, los juicios se celebraron en el Palacio de Justicia de la ciudad alemana de Núremberg entre 1945 y 1948, y el motivo por el cual se eligió dicha ciudad se debió a razones prácticas, ya que contaba con el mayor edificio de justicia de Alemania que no se había visto dañado por los bombardeos de la guerra y porque la prisión anexa también se conservaba en buenas condiciones (el hecho de que tuviese una prisión anexa suponía también asegurar que todos los traslados eran seguros y se podía mantener el aislamiento de los dirigentes nazis).

En total, en Núremberg se celebraron trece juicios, de los cuales, en el primero y principal se juzgó a toda la jerarquía nazi, y en el resto se juzgó a los demás responsables de las masacres cometidas durante los 12 años de gobierno nazi (ministros, jueces, médicos, militares e industriales alemanes). Como curiosidad, cabe destacar que el tribunal encargado de enjuiciar a la jerarquía nazi estuvo compuesto por jueces, fiscales y abogados de las cuatro potencias vencedoras, mientras que en los doce juicios restantes el tribunal estuvo compuesto por jueces y fiscales exclusivamente americanos (por lo que se trató de un Tribunal Militar Estadounidense).

JUZGAR MÁS ALLÁ DE LOS ACTOS

En Núremberg no solo se juzgó y sentenció de forma individualizada a todo aquel que, de alguna manera u otra, contribuyó a cometer las barbaries más repulsivas y deplorables que el ojo humano ha podido presenciar. Núremberg supuso un juicio contra una nación entera, contra el “modus operandi” de un sistema, pero sobre todo, contra una forma de pensar y de concebir el mundo determinada. No se enjuiciaban exclusivamente a hombres, a altos funcionarios o a jerarcas nazis, hay que ir más allá de los actos, traspasar la frontera física de la piel  y adentrarnos en las cabezas y mentalidades de todos aquellos culpables para descubrir cuáles fueron sus intenciones, sus propósitos, pero sobre todo, para desvelar cuál fue el motivante o causa que les llevo a obrar de ese modo.

Para entender, más allá de una comprensión jurídica, los cargos imputados a los 100 procesados, tenemos que retrotraernos a las bases ideológicas donde los nazis justificaban sus actos… pues así como un hombre  puede cometer un asesinato teniendo como explicación del mismo la infidelidad de su pareja, los crímenes nazis no son menos…y por ello tienen su explicación (pero no justificación, aclaro esto para evitar malas interpretaciones).

Por ende, los nazis se amparaban en las doctrinas nacional-socialistas escritas y descritas por Hitler en su libro “Mein Kampf”, en el cual se encontraba prácticamente todos los postulados ideológicos del nazismo, que eran donde los alemanes justificaban su proceder. Dichos postulados eran:

  1. La superioridad de la raza aria, la cual daba derecho a los alemanes a dominar toda aquella que fuese estimada como inferior.
  2. El antisemitismo; los judíos destruían y corrompían la pureza alemana, por ello y partiendo de la premisa de que los alemanes son la raza superior, se hacía urgente desterrarlos o aniquilarlos para que la especie alemana no quedase pervertida ni desvirtuada.
  3. Un estado omnímodo; total sumisión del individuo a la autoridad estatal. Además el Estado estaría encarnado y representado en el Führer, que llevaría a los alemanes al lugar que les correspondería en la historia.
  4. Expansionismo; conquistar los espacios era una cuestión vital para los alemanes. La raza aria no podía conservarse ni preservarse sino que ha de expandirse.
  5. Adoctrinamiento de niños y niñas a través del sistema educativo, enseñándoles que su raza es superior y que han de estimar a las demás como inferiores.

Entendiendo conceptualmente sus postulados ideológicos podemos entender al menos mínimamente cuales fueron los motivos que les llevaron a cometer tales atrocidades.

RESPONSABILIDAD Y TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN

Con respecto a los procesos, existía un problema jurídico de fondo muy a tener en cuenta, ya que llevar al banquillo y acusar de tales cargos no era tarea fácil por lo siguiente; las bases de la responsabilidad que los seres humanos tenemos por los actos que cometemos tienen muy definidos sus contornos y delimitaciones. Los preceptos más elementales que delimitan la responsabilidad de un hombre son aquellos que establecen que; uno es responsable si comete material o personalmente el hecho, si lo comete directamente pero con la ayuda conjunta de otras personas, si lo realiza sirviéndose de otro como si fuera un mero instrumento, o si le hace surgir la idea de cometerlo a otra persona o si colabora o coopera con otra para facilitarle la comisión del acto. Pues bien, las ejecuciones masivas a rehenes o a prisioneros de guerra, accionar las cámaras de gas, las deportaciones forzosas, los fusilamientos arbitrarios e indiscriminados o las esterilizaciones por motivos políticos fueron llevados a cabo por soldados de infantería en su mayoría, por meros soldados rasos que solo recibían órdenes…pero ¿y los líderes? ¿Y aquéllos que daban tales órdenes o instrucciones? Ninguno disparó, torturó ni participó directamente en tales hechos…eh aquí la necesidad de buscar una base jurídica para poder sentarlos en el lado de los acusados y tildarlos como los responsables principales de tales deleznables hechos.

Fue entonces cuando se creó la llamada Teoría de la Conspiración, elaborada por Murray Bemays, miembro del Ministerio de Guerra estadounidense y a quien se le encargó la tarea de elaborar una filosofía para el juicio. La Teoría se basaba en el siguiente razonamiento; el moviendo nazi no era solo una organización política, sino una conspiración para apropiarse de los países vecinos, quitarles sus riquezas, someter a su población y una conspiración para exterminar a los judíos. En consecuencia, si tal movimiento constituye una conspiración para cometer crímenes de guerra o de lesa humanidad, los dirigentes del movimiento (quienes concertaban los planes para perpetrar tales hechos) eran autores o cómplices de tales conspiraciones criminales y por ello se les podría juzgar.

LEGITIMIDAD

La legitimidad del Tribunal y de los procesos fue cuestionada desde el principio en base a diversos argumentos, entre los que cabe destacar la postura de la defensa alegando la vulneración del principio de legalidad penal “nullum crimen, nulla poena sine praevia lege”, ya que se estaban imputando nuevos hechos delictivos que no estaban recogidos en ninguna ley, y dicho principio prohíbe considerar a un hecho como delito si una ley no lo ha tipificado como tal con carácter previo a su comisión. Además, en consonancia con dicho argumento, también se entendía vulnerado el principio jurídico que prohíbe aplicar con carácter retroactivo las disposiciones penales o sancionadoras desfavorables. Por ello, los procesos de Núremberg fueron considerados por los críticos como una justicia de vencedores carente de legitimidad y fundamento (en lo que al campo jurídico se refiere).

Frente a estos argumentos en contra, para defender la legitimidad del proceso y eliminar cualquier argumento relativo a la vulneración del principio de legalidad, los fiscales recurrieron al Derecho consuetudinario y al Derecho comparado, alegando que, casi todos los delitos que se estaban imputando en Núremberg ya estaban tipificados como delitos graves en las leyes penales de otros Estados.

Finalmente, ésta fue la postura del Tribunal, que encontró en el Derecho natural la fundamentación para enjuiciar y sancionar a todas las personas que, directa o indirectamente, habían colaborado con el régimen nazi. De este modo, se situó al Derecho natural en un pódium de mayor jerarquía sobre el Derecho positivo codificado, ya que aquél es el Derecho que emana de la razón universal y de la dignidad humana, común, por tanto, a todas las personas y naciones de la humanidad.

Núremberg, por tanto, significó el asentamiento de nuevos principios jurídicos y morales. Se crearon nuevos tipos delictivos como los delitos de guerra y de lesa humanidad, que permiten condenar a los que cometan crímenes contra la población civil o contra los prisioneros de guerra desarmados. En definitiva, se vino a sancionar a todo aquél que rebasara los principios que diferencian al ser humano del animal.

En conclusión, los horrores que se cometieron durante la guerra y los juicios de Núremberg y Tokio mostraron al mundo la necesidad de regular y definir los derechos humanos, y cuyo principal exponente fue la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, adoptada en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, con el objetivo de que esos derechos llegaran a formar parte del ordenamiento positivo de las distintas naciones.

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