Malpensando: del Estado del Bienestar al bienestar individual

“Ser amigo es hacer el esfuerzo de ponerse en el lugar de otro cuando se equivoca, y comprender”

(Elena S. Oshirio)

Suele pensarse en términos de que en la sociedad no hay más que seres buenos y beatíficos. En otras ocasiones, desde el Leviathan de Hobbes, se piensa justamente al contrario: que la sociedad no está más que llena de gente que no merece más que el mayor y más férreo de los controles al encontrarse, de seguir asilvestrada, lindando en lo satánico. Un peligro para sí misma y para sus vecinos. El mayor peligro, si atendemos al punto medio y de equilibrio estaría en dar por supuestas y sabidas determinadas materias o conquistas largamente trabajadas, como si su mantenimiento fuera algo obligatorio … aunque mantenido por quien y como? Nada es gratis y nada es para siempre. De ahí que a veces se hable de plebiscito diario. Aunque, claro, se manipulia y se dicen medias verdades sobre los conceptos, que, como se sabe, es mucho peor que mentir.

Cuando pensamos en el estado, pensamos en términos de omnipotencia, omnisciencia … claro, que desde la imposición del estado westfalliano, es una impresión, sobrevenida, en parte, lógica. Aunque, si miramos la Historia con una perspectiva amplia, desde que existen instituciones estatales proveedoras de algún tipo de servicio … servicios sociales públicos, provistos para todos, no es algo de hace tanto. Y nuestra queja es constante, sin atender a como se han conseguido y a como se pueden mantener en el futuro. Y se evita la socialización de las bases de como es posible que existan y como se pueden sostener, si es que lo son. Dos preguntas. Y esto quien lo hace? Y esto quien lo paga?

En la Comunidad Autónoma Vasca hay hasta 400 mil personas con algún tipo de seguro privado de salud. La sanidad pública es la mejor, tanto interna como cara a la sociedad, de todos los servicios sanitarios del estado español, con una valoración en torno al 6’5 sobre 10. Supone un tercio del gasto presupuestario del Gobierno Vasco. Pero no es suficiente. Hay quejas. Y los sindicatos, puede que ayudados por unas elecciones sindicales próximas (siempre hay alguna) con una creciente mordiente por la competencia por el votante laboral. Obviamente cuando hay algún problema, se acude a lo público. Eso si, cuando hay algún problema, serio, grave, se acude a lo público. A los hospitales. Y siempre a urgencias, nunca al ambulatorio propio cercano. De ahí, en parte, la congestión que pueda haber habido, haber, y habrá, en determinadas circunstancias.

Cuando un servicio público falla, se aplica la regla 3-30-300. 3 personas se lo cuentan a 30, y esas 30, a su vez, se lo cuentan a 300. Y siempre hay algún conocido del tipo “pues a fulanito la seguridad social (sic) le ha tardado tanto en hacerle una mamografía o una resonancia”. Claro, que, si fuera en un fallo de lo privado, sería la regla 1-2-3. Salvo que sea judicializado, y salvo negligencia extrema, con dañor muy graves, permanentes o fallecimiento, rara vez se denuncia. Se cuenta como anécdota. Familiar. Es la desigualdad de valoración entre como funciona lo público, lo de todos, y lo particular. Se da por hecho el deber, obligatorio, de la excelencia de lo público, una vara de medir, que no se usa con las empresas privadas.

De camino, hablemos de la famosa mochila austríaca. Y es que la gente mayor, más vulnerable a procesos gripales y catarrales, son en su mayoría pensionistas. Y muchas veces se asume como lección dada la solidaridad intergeneracional y aquello de que las pensiones de hoy se pagan con los cotizantes de hoy y no con lo que el pensionista cotizó en su periodo laboral. Claro, hablamos de principios, de valores, de ética personal elevada, colectiva, de eso que ya no se estila, y más desde que los filósofos son materia de frikadas o de tertulias, descargando su pesada mochila de teorízación de lo que debe ser una sociedad. Una brújula moral. Que recuerde, una y otra vez, como diría Mikel Laboa, nuestras palabras, para que no se pierdan. Hay que socializar una y otra vez los valores de la solidaridad y el sentido de comunidad? Sin duda, si.

Que es la mochila austríaca? Pues que una parte de lo entregado a la seguridad social (esta la de verdad, porque lo que algunos llaman tal cosa es, en el caso vasco, Osakidetza, en el navarro, Osasunbidea … el servicio de salud) se guarde en una caja personalizada, para proveer una pensión futura particular. Eso ya se conoce, los planes de pensiones, que luego se reconvirtieron en planes de ahorro. Aunque, claro, el debate moral subyacente se evita por completo. Como? Apelando, de manera subyacente, debajo de la alfombra, al egoísmo que, dicho sea de paso, es la base del denominado “sueño americano” (no vamos a poner unos impuestos a las grandes fortunas porque … y cuando yo, estibador del puerto de Boston, sea multimillonario … ?). Pero, claro. Y si se deduce una parte de lo entregado a la seguridad social para una pensión a quien emite ese dinero, porque entonces debe guardarlo el estado? Seguramente es un negocio que asumirían de muy buena gana las entidades bancarias, por supuesto, privadas (porque no puede existir banca pública?). Aunque claro, hay gente que irá al siguiente punto, y es, porque no, en vez de en parte, en todo, es decir, abolimos lo de la seguridad social y que cada cual, con su salario íntegro que haga lo que quiera … valores, la clave.

Seguramente haya gente que se escandalice con los planteamientos expuestos, pero habrá gente que pensará que, sin un debate de valores complementario sobre que quiere ser esta sociedad, y a donde quiere ir, es el camino fácil que la gran mayoría ha asumido como el camino correcto. O nos han inducido a que ese sea el camino que debemos elegir. Obviamente a las entidades bancarias, como a otros anteriormente, la competencia de lo público, en el ámbito de las pensiones les parece competencia desleal, y, más a más, ilegítima para la libre competencia. Libre competencia … aquellos que si quiebra una empresa (Enron) o un Banco (Bankia) debe ser el estado el que cubra las pérdidas, al más puro estilo marxista, pero los beneficios si puede mantenerse en privado. Escasa coherencia ideológica en la que, precísamente por eso, se afirma que cualquier ideología, está demodé, pasada de moda y que no está en lo moderno, y lo progresista. Cuando un Churchill, un De Gasperi, un De Gaulle o un Adenauer estarían escandalizados de los que hoy se dicen liberales o conservadores. Por no hablar de la casa de los socialistas o socialdemócratas.

Un reto muy duro y muy grave es el citado. Devolver el valor de lo público, de Sanidad, Educación… del reciclaje, mucho más allá de … y en que me beneficio? Me van a devolver un dinero si reciclo más? Pedagogía, explicar que la huella ecológica sobre el planeta hace insostenible el seguir consumiendo como hasta ahora, y que las siguientes generaciones merecen algún futuro digno. Solidaridad con los próximos, con la comunidad natural, nacional. Y con las naciones vecinas, sean de nuestro estado o de los vecinos. Entender que somos una especie humana sobre un planeta finito, y que no tenemos nada más. Y empezar, desde lo micro, naturalmente.

Poner en valor lo público, es importante. Porque nos va en ello el futuro. Si no es así, podemos, no ya hacer recortes, sino pasar la podadora por encima, y dejar educación y sanidad al mínimo. Y gastar enormes cantidades de dinero en dependencia y pensiones. Aunque, claro, aparte de ser una mayoría de votantes, estaríamos generando un desequilibrio populista en el presupuesto y en las instituciones, que cortocircuitaría el futuro de la sociedad. Aunque yo no participe en el consumo de este o aquél bien público, es necesario comprender que se pagan impuestos para una caja común, de la que, luego, tras el reparto institucional de los ingresos, los gobiernos, de manera presupuestaria, establecen las prioridades. Ningún impuesto es finalista, por tanto, las cotizaciones a la seguridad social, tampoco. El velo de ignorancia. Una sociedad equilibrada y justa, eso es lo que, de manera permanente, hay que socializar. Una sociedad, con valores. Bien explicados. Una y otra vez. En contextos siempre cambiantes.

Si nuestro futuro está condicionado al egoísmo de unos pocos, incluso de una mayoría minoritaria, sobre el conjunto de la sociedad, esa sí, una mayoría silenciosa, estaríamos perdidos como sociedad. Y se estaría haciendo dejación de sus funciones educadoras a todo aquél circuito, fuera del sistema educativo, que debe continuamente señalar cuales son lo elementos filosóficos que sustentan un Estado de Bienestar. Y al final, aunque lo más importante, que se ejecutan gastos (hay quien dice inversión) sociales en función de los ingresos que se generan. Es muy fácil decir, como hace Homer Simpson al ser elegido comisario de sanidad de la ciudad de Springfield, que los basureros van a hacer de todo. Espectacular, aunque poco realista.

Asumir que la sociedad puede afrontar aquellos gastos con los ingresos que genera es trasladar el esquema de que una familia no puede gastar más de lo que ingresa sin quebrar a corto plazo. Y tener que ser rescatado por alguien. Y aquí vamos con el modelo económico y productivo. Que no tenga que ver con la estacionalidad o con un sector concreto que, dios no lo quiera, puede tener un problema de materias primas, conflictividad laboral o de geopolítica o geoestrategia. O venirte un Trump a tratar de repatriar empresas con capital estadounidense a los estados unidos. Aunque esto ya lo vivió Europa tras el crack del 29 con la fuga, o retorno de capitales, desde, especialmente, Alemania, hacia EEUU. Y ayudó de manera importante a que pasara lo que pasó.

Aquél que quiera más y mejores servicios públicos, primero ha de conocer y reconocer lo que tiene. Las más de las veces es algo que se desconoce. Y ese reto es de los que tienen valores progresistas, el hacerlo saber. Y deben señalar de donde se van a generar más ingresos. Crear nuevas empresas, nuevos nichos empresariales, nuevos modelos de negocio. Crear riqueza para que esta pueda, luego, ser distribuída, de manera equilibrada, en aquellos bienes y servicios que, la mayoría de la gente, da por hecho que el estado, la estructura estatal, debe encargarse. Dar por hecho cosas es algo que hay que romper con ello en el aspecto de cargar de exigencias a lo público sobre lo privado. No puede ser, pueden ser igual de eficientes o ineficientes. Un trato justo e igualitario, comprendiendo que, tras ambos, está el factor humano.

Sin lugar a dudas el futuro, bien encauzado, debe dirigirse a una sincera cooperación entre lo público y lo privado. En pie de igualdad. La captura del Estado es la creacion de privilegios y barreras de entrada a golpe de boletin oficial del Estado, es cargarse la competencia y la libertad, es la ley del embudo, la parte gruesa para mi y la fina para ti. Es un modelo a evitar. Un equilibrio justo, medido, es el camino a un órden equitativo. Entendiendo que las instituciones, sean públicas o privadas, se parecen a la sociedad de la que surgen. Por tanto, para mejorar esas instituciones, hay que mejorar la sociedad de la que surgen. Su conocimiento, reconocimiento y calidad intelectual. Un reto grave y fundamental. A fin de cuentas, para evitar el egoísmo inducido, del que se aprovechan algunos, fundamentalmente desde algunas empresas privadas, y desandar el camino desde el bienestar individual a costa del de los demás, hacia un verdadero Estado de Bienestar, habrá que repensar muchas cosas. Pero desde el empleo de herramientas intelecuales, filosóficas, que den soporte al debate. Y que las personas, más allá de su bienestar individual, vuelvan a pensar que el esfuerzo que se pueda hacer, cada cual en función de sus posibilidades, lo es en favor de una comunidad de derechos (y obligaciones) individuales y colectivos mejor y más justa. En la que garanticemos el hoy y el mañana.

«Hay dos clases de egoísmo. Uno, vil, cruel, que aísla al hombre de sus semejantes, que busca un bienestar exclusivo al precio de la miseria de los demás. El otro, generoso, bienhechor, que confunde nuestra felicidad en la felicidad de todos, que asocia nuestra gloria a la de la patria. El primero engendra los opresores y los tiranos; el segundo, los defensores de la humanidad.»

(Maximilien Robespierre: Libertad, Igualdad, Fraternidad)

“No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.” (Adam Smith, La riqueza de las naciones, Libro I, Capítulo 8: De los salarios del trabajo, página 94.)

«Creo que la ley más importante con diferencia de todo nuestro código es la de la difusión del conocimiento entre el pueblo. No se puede idear otro fundamento seguro para conservar la libertad y la felicidad. […] Aboga, mi estimado compañero, por una cruzada contra la ignorancia; establece y mejora la ley de educar a la gente común. Informa a nuestros compatriotas […] de que el impuesto que se pague con el propósito [de educar] no es más que la milésima parte de lo que se tendrá que pagar a los reyes, sacerdotes y nobles que ascenderán al poder si dejamos al pueblo en ignorancia». (Thomas Jefferson)

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