Mi experiencia en Cuba

La semana pasada no pude publicar mi artículo semanal debido a que me encontraba en Cuba, país con una conexión a internet muy precaria, parcialmente censurada y donde encontrar una red wifi se convierte en todo un desafío incluso para los propios cubanos.

Sin embargo, este artículo no sólo trata del internet en Cuba (que también) sino de la realidad de la gente en Cuba, su pasado y sus perspectivas de futuro.

Antes de nada, tenemos que recordar que Cuba es uno de los pocos países comunistas dictatoriales cuyas máximas dogmáticas se aplican con un rigor que puede llegar a asustar para los españoles que vivimos en una democracia constitucional con una economía de mercado.

La Habana es una ciudad que no deja indiferente a nadie, con un encanto singular por su buena localización, esto es, bañada por el Atlántico y con una bahía de bolsa que hacía de la ciudad una fortaleza difícilmente expugnable en tiempos pretéritos. Las arquitectura en general es muy llamativa, con el estilo característico de la primera mitad del siglo XX. Y no se trata, precisamente, de una o dos construcciones, sino de la amplia mayoría, lo que indica que hubo un tiempo en el que la economía cubana era lo suficientemente boyante como para que la población, con carácter general, pudiese permitirse esas construcciones. Pero todo eso se acabó con la revolución pues todas y cada una de las viviendas fueron confiscadas (a diferencia de la expropiación en la que el Estado por unas causas de necesidad o interés general paga un justiprecio, en la confiscación no hay contrapartida). La consecuencia es que la amplísima mayoría de edificios no tienen mantenimiento y, por tanto, están gravemente deterioradas por no decir “derruidos”.

Otra cosa que llama la atención son los coches clásicos que transitan las calzadas cubanas. Son coches de los 40 o 50, debido al bloqueo comercial impuesto por EEUU tras la revolución. De otra parte, el escasísimo tirón de la isla tampoco hubiese permitido la importación de vehículos. Algunos coches son muy bonitos y parecen sacados de una película, y pueden llegar a estar bien para dar una vuelta por la Habana. Pero ahí se queda la historia, pues son vehículos singularmente viejos con apenas medidas de seguridad sin reposa cabezas ni cinturón de seguridad. Ni qué decir tienen las carreteras, que salvo con honrosas excepciones son muy peligrosas no sólo por el deteriorado estado de las mismas sino también porque por las mismas carreteras que circulan coches también transitan bicicletas y carros tirados por un solo caballo. Algo impensable en cualquier otro país caribeño.

Por otro lado, los cubanos son gente fantástica. Se caracterizan por ser muy extrovertidos, positivos, simpáticos y alegres. Es muy normal que se te acerquen por la calle para hablar contigo. Muchas veces es porque quieren venderte algo pretendiendo sacar un beneficio pero muchas otras es para ofrecerte ayuda o contarte historias. La verdad es que salir a la calle en Cuba es muy entretenido porque siempre tienes alguien con quien hablar. Otra cosa muy distinta es la forma en la que viven ellos. Todos los cubanos tienen derecho a percibir los alimentos de la cesta de abastecimiento (cartilla de racionamiento). Sin embargo, esta es insuficiente por lo que se hace necesario comprar alimentos adicionales cuyos precios parecen más los de un país europeo. Ello no sería problema si Cuba tuviese unos salarios medios proporcionales al coste de la vida. Pero no es así. Al ser una economía  comunista de planificación centralizada, todos los puestos de trabajo son ofrecidos por el Estado y los sueldos obviamente están intervenidos. De tal manera que el cubano medio gana 30 CUC al mes (un CUC equivale a 1 dólar americano).

En cuanto a los niveles de desempleo es importante destacar que este es mínimo debido a que al estar la economía estatalizada, el gobierno crea todos los puestos de trabajo suficientes para tener a la población ocupada. El problema es que una grandísima parte de esos trabajos son innecesarios, siendo la carga de trabajo en numerosas ocasiones muy reducida. Por ello, muchos cubanos dicen: “nosotros hacemos como que trabajamos y el gobierno hace como que nos paga”. La verdad es que la situación no podría definirse mejor en una frase.

En relación a las perspectivas de futuro hay que decir que la situación está cambiando muy rápido. Desde la llegada de Raúl Castro al poder se han acometido grandes cambios para desestatalizar algunos sectores. Por ejemplo, los taxistas ya pueden ser autónomos o también cabe la posibilidad de abrir restaurantes privados (llamados paladares porque los restaurantes son de titularidad pública). En general, la sociedad cubana reclama cambios y apuestan por democracia y libertad económica pero tampoco son muy exigentes ni reivindicativos. Es mas, cuando se les pregunta su opinión por el régimen cubano, la respuesta media es: “tiene cosas buenas y cosas malas aunque las malas son peores que las buenas”. Como comprenderán, no es una reflexión de quien aspira al fin inmediato del régimen. Todo ello hace que crea que va a haber cambios en la isla pero estos serán muy lentos con avances y retrocesos pero lo importante es que el cambio ha llegado y va a ser imparable.

Tomás González García

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