No es mometo de asfixias fiscales

En la pasada gala de los Goya, no fueron pocos los actores y directores que defendían una bajada del IVA cultural, puesto que según este colectivo,el IVA “mataba a la cultura”, literalmente. Es decir, que la decisión tomada por el Gobierno en 2012 de subir el IVA general al 21%, aplicándose así este tipo al cine y al teatro, era criticado por muchos artistas como el principal  motivo del vaciamiento de salas de cine y teatro.Por otro lado, tenemos a día de hoy una decisión gubernamental que implementa una subida impositiva que grava el consumo del tabaco y de bebidas alcohólicas so pretexto de desalentar el consumo de estas sustancias y productos insalubres.
Por lo tanto y siguiendo esta lógica, ¿por qué una subida fiscal sobre los beneficios empresariales no tendría los mismos efectos? es decir, si gravar fiscalmente el teatro y el cine desincentivan el acceso a la cultura al igual que subir los impuestos a determinados productos  puede provocar una disminución del consumo de los mismos ¿no desincentivará también la inversión empresarial una subida del Impuesto de Sociedades? Pero es más, ¿tiene sentido hacerlo en un contexto donde las empresas empiezan a salir del agujero de la crisis? O mejor aún, ¿qué sentido tiene un incremento del impuesto de sociedades a un tipo superior que la media de los países de la OCDE? Vayamos por partes.

El primer lugar el Gobierno ha decretado una subida del tipo efectivo del IS al vaciarlo de deducciones, lo que provocará una mayor tributación por parte de las empresas sobre sus beneficios. Dicho aumento fiscal no puede venir en peor momento, no sólo por tener la medida efectos completamente contraproducentes, sino también por ser una medida que va a contracorriente de lo que se está haciendo en el resto de países de nuestro entorno.

Vamos a contracorriente porque algunas de las principales economías del planeta están apostando de manera decidida por una notable reducción de los tributos sobre las ganancias empresariales: EEUU, ejemplo,  recortará el Impuesto sobre Sociedades hasta el 15%, Reino Unido por debajo del 15%, Hungría ya lo ha colocado recientemente en el 9%, y otros países de nuestro entorno lo mantienen a tipos muy reducidos, por ejemplo Bulgaria (10%) o de manera mucho más célebre tenemos a  Irlanda (12,5%) que teniendo un tipo muy inferior al español recauda más del doble que nosotros en concepto de IS: el 7% del PIB frente al 2’2% del PIB que recaudan nuestras haciendas.

Ahora analicemos la situación fiscal de los países de nuestro entorno en lo relativo a los gravámenes sobre los beneficios empresariales. En el año 2000, el tipo  medio del Impuesto de Sociedades en los países de la OCDE alcanzaba el 32,5 %. Un lustro después, en 2005, el gravamen medio había bajado hasta el 27,4 %. El estallido de la Gran Recesión no impidió que en 2010 se hubiese registrado otro descenso, de manera que el tipo medio de Sociedades se redujo más aún, hasta llegar al 25,5 %.

Para que no se me tache de falaz, aportaré de manera concreta e individualizada las bajadas del tipo impositivo que grava las ganancias empresariales llevadas a cabo en diversos países: Alemania (pasó del 50 % al 30,2%), Canadá (pasó del 42,4 % al 26,7 %). Igualmente se registran  caídas de más de diez puntos en otros catorce países de la OCDE (República Checa, Dinamarca, Grecia, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Letonia, Países Bajos, Polonia, España, Turquía y Reino Unido).

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Inequívocamente, somos los únicos que planteamos una subida de la presión fiscal a las empresas, tendríamos que recordad de manera muy somera algunos efectos perversos para la economía y para el empleo que tendría una subida fiscal. Si subimos el IS, estaremos  incrementado la extracción sobre los beneficios del empresario, por lo tanto éste  tendrá menos renta disponible a repartir en concepto de salarios, lo que le avocará a abonar menos salario a los trabajadores o a contratar menos. Y si no decide hacer ninguna de las dos anteriores opciones, lo que pierde en impuestos lo tendrá que ganar por otro lado: en los precios. Repercutirá  lo que se le va en IS o en unas hipotéticas cotizaciones a la SS más altas sobre  los consumidores, aumentando el precio de sus bienes y servicios, para compensar así lo que pierde por vía impositiva .

Desde el lado contrario se nos suelen blandir dos argumentos para ver justo un aumento del IS. El primero suele referirse a que deben pagar más quienes más tienen, y quienes más tienen son los que más ganan: los ricos empresarios. El segundo argumento asevera que una mayor recaudación de impuestos sobre los ricos empresarios nos llevaría a acabar con el déficit público que lastran nuestras administraciones. Ambos son completamente falsos. Analicemos el argumento: Dicen que subiendo los impuestos a los que más tienen (ricos empresarios ) se terminaría con el déficit y así podríamos hacer descansar la presión fiscal sobre la clase media. Pues bien; ni aunque le expropiásemos TODOS los beneficios empresariales a las 35 mayores empresas de España conseguiríamos paliar el déficit. Busquen los datos. Los beneficios del IBEX35 giran entorno a los 25. 000 millones, mientras que nuestro déficit se sitúa en más del doble :50.000 millones de euros (un 5%del PIB ). Es más, no tiene ningún sentido subir el IS alegando un incremento de la fortuna de los empresarios, cuando los beneficios empresariales no están en el mismo nivel que en el año 2007.

Tampoco es válido el argumento de mantener impuestos “marca España ” con el objetivo de recaudar más.  Hablo del Impuesto de donaciones, que recauda únicamente 3.000 millones de euros, y del impuesto de patrimonio, que sólo está vigente en Francia y España y se recauda exclusivamente 2.000 millones de euros. En conclusión, no tendríamos “ni para pipas” si se pretende reducir el déficit aumentando impuestos.

Si la inversión se para, se dejan de crearse nuevas empresas, de ampliarse las existentes o de reestructurarse las fracasadas, provocando dicha disfuncionalidad una maximización del desempleo. En consecuencia puede que el problema no esté en una falta de ingresos, sino en un exceso de gasto superfluo así como en una pobre persecución del fraude fiscal.

Por último, es igual de antiliberal subir los impuestos que mantener o conceder unos privilegios jurídico-fiscales a determinadas empresas que se sitúan bajo la manta y tutela del Estado. Desde el prisma liberal, siempre se apostará por una libre y leal competencia en el mercado, algo que maximiza tanto las opciones de compra en beneficio del consumidor, como la cooperación humana dentro del mercado,que es el principal  lugar de encuentro de una sociedad.

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