¡Pásame una magdalena!

El WhatsApp ha estado echando humo durante todo el día. Y a eso de las 10.30 de la noche, decido que va siendo hora de desconectar del sin parar de los “memes ” catalanes. Así que cogo un libro y un cigarro; me voy a otra habitación, con las ventanas abiertas de par en par, para disfrutar del momento de lectura y de las vistas de la ciudad, aprovechando este otoño veraniego. 

Ni un alma en la calle, ni un ruido, y el móvil sin sonido y en otra habitación. Perfecto.

Llevaba tan sólo 10 minutos de lectura, cuando en el bloque de casas paralelo a la mía, se enciende una de esas luces fluorescentes de cocina. Si, de esas potentes que alumbran todo, como si en ese momento se estuviera dando una aparición divina.

Aparece en escena una mujer rubia, de media melena y muy menuda. La sigue un hombretón rudo, que le saca por lo menos cinco cabezas. Ella se dirige a la nevera con decisión, saca unos huevos, busca unas patatas, y comienza a preparar la cena. Mientras ella se pone de manera enérgica y decidida a pelar las patatas, el hombre se deja caer en una silla diciendo: ” haber pásame una magdalena que ya no puedo más de la ansiedad que tengo. Te estoy diciendo todo el rato que esto es lo que nos están contando. No me preguntes más, porque yo, ya no sé más”. Todo este speech, iba acompañado por gesticulaciones grandilocuentes. Y continúa: ” haber que quieres que te diga, si nos están diciendo que la empresa no sabe que tipo de decisiones va a tomar, no saben si irse, y si se van, no saben si prescindirá de personal en las sucursales del resto de España”.

En ese momento yo pensé ” hay madre que no desconecto…que sigo con el tema Catalán hasta en la conversación de los de enfrente”.

Y el hombre continuó: ” así que con esto nos hemos encontrado hoy, que no sabemos si nos vamos a ir algunos a la puta calle…y no me digas que te pones nerviosa porque más nerviosa que tú, estoy yo”. En ese momento, la mujer soltó el cuchillo (menos mal…) y de manera airosa se dio la vuelta replicando: ” ¿tú crees que se puede venir a casa contándome todo ésto y no querer que me ponga nerviosa?”. Él responde: ” ¡pues tu me dirás!, se lo cuento a la de enfrente…(ya me lo estaba contando). Te lo digo para que no te lleves sorpresas por si acaso y estar prevenidos. ¡Y pásame una magdalena! “.  Ella nerviosa, se echó las manos en la cabeza e interpeló: ” ¡no me lo puedo creer, estoy de estos catalanes hasta el mismo!. ¡Me voy a dormir!”. Y salió de la cocina dando un fuerte manotazo al interruptor de la luz, al de esa luz fluorescente que todo lo iluminaba, dejándole a su marido sólo y a oscuras, y dando un sonoro portazo.

Esto hizo que pensara aún más en la situación que se estaba planteando y que podía darse no sólo en esa casa, sino también en otras muchas. La libertad de decisión de un pueblo, como en este caso el catalán, de decidir su forma de relación con el España, está influyendo lógicamente en el ámbito económico y empresarial, y por ello en el día a día de las personas y trabajadores que directa o indirectamente están vinculados a empresas catalanas. Esta incertidumbre, la de esa casa, o cualquier otra en la que se pueda estar dando la misma situación, es la que nos puede hacer reflexionar sobre otro punto de vista la cuestión catalana: ¿hasta que punto o hasta dónde podemos llegar para lograr aquello que ansiamos o anhelamos? En este caso, planteado como la independencia catalana, claro. ¿Somos capaces las personas de hacer tambalear de esta manera, con la incertidumbre y rumores, a muchas familias en estos momentos?

Al final, el hombre volvió a encender la “luz divina”, y el “pásame una magdalena”, se convirtió en un ” me como la bolsa entera de magdalenas “.

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