Propuestas institucionales anti-crisis al Estado Español

Publicado originalmente en Arabatik el 29 de abril de 2012

De un tiempo a esta parte, como de manera añadida, se pudo observar en el llamado “Gran Debate” de la cadena privada del vecino estado español, propiedad del “mediaset españa”, corporación del Don italiano, Silvio Berlusconi, la senda marcada pretende seguir la línea de Esperanza Aguirre, con aquella propuesta, presuntamente improvisada, de vaciamiento de contenido tanto hacia arriba como hacia abajo de las Comunidades Autónomas. Eso si, creando lo que en Estados Unidos se llama mandato-no-financiado. Que, en la práctica, ya sucede en el caso de muchos ayuntamientos. Y es que muchos discursos públicos del corte del de Aguirre, se compaginan con una práctica que resulta del todo alejada del mismo, avanzando y profundizando en el monstruo, en beneficio de los amigos. He aquí unas propuestas para el “adelgazamiento” del estado de las autonomías.

Primera medida. Supresión de la monarquía y de la Casa Real. O, cuanto menos, que le digan a sus subditos y a los ciudadanos que nos vemos obligados a tenerle como Jefe de un Estado que no es el nuestro, cual es el coste real, con plena transparencia, de la persistencia de la monarquía, llevando hasta las últimas consecuencias todas las comisiones de investigación que puedan plantearse, tanto con Urdangarin-Cristina de Borbon, como Marichalar-Elena de Borbon y el pequeño “Zalacaín el aventurero”, que sigue los pasos del abuelo cazador de elefantes. Y si, y más en época de crisis, quieren mantener a un puesto de trabajo ligado de manera hereditaria a una familia, por el simple hecho de llevar un apellido, viniendo por ello ligado vivienda de por vida, suministro de ropa y alimentos, y sueldo vitalicio, complementado por una serie de caprichos proporcionados por papa estado.

Segunda medida. Nueva distribución de las Comunidades Autónomas. ¿Como puede el estado español permitirse 19 autonomías, 15 peninsulares, 2 insulares y 2 ciudades autónomas? Nada. Hay que fusionar, por la crisis, Euskadi y Navarra, haciendo de esta una sóla comunidad. Y hay que fusionar las tres Castillas. Porque en el café para todos hubo Comunidades artificiales. Claro que si. Yo sólo diré una, y es Madrid. Castilla una sóla autonomía, eso si, dejando libre la oportunidad a León, por si quiere constituirse aparte. Ah, y fusionar, también, Catalunya con Valencia y Baleares, en una confederación de hablantes del catalán. Seguro que hay fórmulas cooperativas que pueden hacer que todos se sientan a gusto. Y las ciudades autónomas, con Andalucía, como, por otra parte, ya se planteó en los años 70 y 80.

Tercera medida. Supresión de las diputaciones de régimen común. Fué el café para todos del siglo XIX, y seguro que todas las comunidades tienen su propio y antiguo sistema regional o comarcal de institucionalización, mucho más apegada a la realidad de cada cual, que si se quiere, cara al exterior, se puede homologar con el nombre de mancomunidad. ¿Como hacerlo? Que cada comunidad tenga plena libertad para, una vez suprimidas, a su vez, las provincias, se puedan establecer como nivel intermedio, dentro de la libertad de las instituciones autonómicas, los límites de dichas “mancomunidades”. Para un mejor funcionamiento interno, y una gestión más cercana de los recursos.

Cuarta medida. Supresión de varios ministerios. Como el de Sanidad, Educación, Cultura. Y quizás alguno más. Sobre la base de los artículos 148 y 149 de la constitución, y en el caso vasco y navarro en la adicional primera, entre otros, hay competencias que están transferidas y, aún así, los edificios en Madrid se encuentran incólumes y plenos de personal y de actividad, a pesar del vaciamiento efectivo de competencias en el centro del estado. No siempre se va a tener que mirar hacia los mismos a la hora de recortar, ¿No? Hay una duplicidad evidente, generada por el estado, en estas materias. Y si Bélgica puede vivir sin ministro federal de educación, seguro que el estado español también.

Quinta medida. Supresión de las delegaciones del Gobierno. Ya, ya se que en el estado español nadie se fía de nadie, pero son una evidente duplicidad. Si las Comunidades Autónomas son los representantes ordinarios del estado en dichas comunidades, su figura sobra, a no ser que en realidad todo sean colonias del centro, y se visualice su figura como meros vireyes, mandatados por el verdadero poder central, y que los demás serían servidores temporales, con un poder cedido temporalmente, pero no transferido realmente, a la espera de mejores tiempos, en los que poder volver al viejo y añorado centralismo. Administración única, ventanilla única para las administraciones, bajo el poder y la dirección de las instituciones de la Comunidad Autónoma correspondiente. Porque es absurdo, por ejemplo, que en Madrid haya una delegación del gobierno en donde está el gobierno del estado y el de la comunidad de Madrid. Son duplicidades evidentes.

Sexta medida. Fusión de municipios. Porque no todos han de ser tan previsores como Eudel, o las diputaciones forales como las de Bizkaia o Gipuzkoa, que ante todo aquel que se quiere segregar se le deje, pongamos por caso, Itziar respecto a Deba o Igeldo respecto a Donostia. Con normas francas que establecen que hay un mínimo de 2000 habitantes para un pueblo nuevo, se han cortado de raíz todo ese tipo de veleidades. Porque todo en esta vida ha de tener una justificación. Lo mismo que las tablas de gasto corriente en el apartado de personal, tanto político como administrativo, según criterios, para saber entre que baremos puede cobrar cada cual, dentro del ámbito municipal. Eso si, en los municipios que son enclaves o exclaves, dejarles libertad de voto para seguir como están o si quieren pasar a pertenecer al entorno natural en el que están. Es más práctico que otras soluciones aún más imaginativas.

Séptima medida. La responsabilidad fiscal. No puede ser que algunos tengan responsabilidad en el gasto y en el ingreso, y otros sólo en el gasto. Quizás deberían establecer una especie de federalismo fiscal. Y aunque no la comparta, aquí la dejo, como una de las posibles medidas, ya que me han llegado tanto desde un socialista andaluz que claramente reconoce que las políticas del PNV, en especial las de corte industrial, son, a años luz más de izquierda que cualquiera que haya tomado Zapatero y el PSOE, y, a su vez, se la veo a un diputado de UPN en el congreso de los diputados. Y es, no unificar por abajo, sino unificar por arriba. Dar a todos la opción de tener su propio concierto económico, de una manera u otra, con un nombre u otro. Responsabilidad en el ingreso, y responsabilidad en el gasto. Cada cual en la medida de sus posibilidades.

Octava medida. Voluntariedad competencial. No todas las comunidades han de tener que tener las mismas competencias. Algunas deben poder la flexibilidad de, si quieren devolver al estado algunas, puedan hacerlo, de manera voluntaria. Eso si, si alguno quiere ejercer más competencias de las que tiene, y puede hacerlo, también esa vía ha de estar abierta. Porque, claro, o las cosas son de ida y vuelta, esto es, un circuito de posibilidades abiertas, o estaríamos hablando de un guía-burros, de un circuito que se cierra en si mismo, siempre en la misma dirección: radial. Poder para el centro, para la periferia nada. Sobre todo cuando el estado surge en el siglo XIX sin un centro claro ni poderoso. Pero esa, es otra historia.

Novena medida. Valorar la transferencia de servicios policiales. Hay unidades delegadas en comunidades como Andalucia, Galiza, Valencia, Asturias, Aragón … cuerpos policiales en Madrid (si, Madrid tiene un embrión de policía propia), Canarias (la llaman algunos “guanchancha”), Navarra, Euskadi y Catalunya. Es evidente que para las competencias atribuidas en Euskadi (y Navarra, en su caso, también) no son necesarios 4.000, 6.000 u 8.000 guardias civiles y policías “nacionales”. Seguro que por este lado se puede racionalizar y simplificar.

Décima medida. Fiarse de las instituciones. Porque es cierto que el estado español se basa en la desconfianza perpetua y sistemática, y por eso se van detrayendo de las nóminas en vez de, como sucede en el resto del mundo, pagar impuestos unas fechas determinadas. No se fían que para esas fechas el dinero esté disponible, así que lo van sacando poco a poco. Por si acaso. Porque igual, a lo mejor, te lo has gastado en mujeres u hombres, en juego o alcohol y tabaco, vicios, según el estado, sean estos u otros, en vez de dárselo a el. Quizás sea la medida más profunda. Cambiar la concepción mental que implica dicho modelo de administraciones públicas. El entender que, sea quien sea el que tenga la competencia, en el fondo es lo mismo, la clave es la generación de buenos modelos de gestión, que, por supuesto, el que estén apegados a la realidad, bajo el principio de la subsidiariedad de la Unión Europea, y de la plena autonomía de los estados para la autoorganización (Bélgica pasó de ser un estado centralista a uno federal dentro de la UE), puede hacer más eficientes y eficaces las administraciones públicas.

Finalmente, y como conclusión, más o menos, señalar que seguro que estas 10 posibles medidas se pueden sistematizar mejor o peor, y añadirsele alguna otra, pero quiere marcar unas ideas claras. Y es que el centralismo no es la mejor de las recetas para colectivos humanos diferentes, divergentes y de características plurinacionales y plurilingües, que es forzar a algunos en beneficio de otros, y que si de verdad se quiere racionalizar, se puede hacerlo. En la convicción, que la tengan, que si en algún momento la mayoría de la población de esas nacionalidades o naciones quiere abandonar, no hay nada que impida llevar a cabo esa voluntad. Pues aunque no existiera el camino, nos lo inventaríamos sobre la marcha. No por mucho centralizar van a romper las ansias de libertad y autogobierno de los pueblos. Cuanto antes lo entiendan, mejor podremos entendernos. Cuanto más tarde lo entiendan, más lejos querremos marcharnos. Como Portugal y Andorra. Sin ir más lejos.

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