Rídiculo tras ridículo

La presencia de España en organismos internacionales ha ido bajando notablemente en estos últimos años hasta alcanzar un nivel preocupante:

¿Somos un país fuerte dentro de la UE? ¿Cuáles son de verdad nuestros países aliados? ¿ De verdad el mundo solo nos conoce por la paella y el Barça?

Estas son unas de las muchísimas preguntas que me hago yo, ciudadano español, al ver la situación internacional de mi país, al observar ese punto de altura, allá por el 2003, cuando el Presidente José María Aznar se codeaba con las grandes élites, en ese extraño grupo llamado popularmente como Trío de las Azores, formado por el ya nombrado Aznar junto con los Presidentes de Reino Unido (Tony Blair) y de los Estados Unidos (George W.Bush). Hoy no voy a escribir sobre las consecuencias de esa reunión (tema que daría para un artículo) pero no voy ha amagar que ese posiblemente fue uno de los momentos de mayor popularidad para nuestro país.

Muchos desgraciadamente piensan en España, que el prestigio de nuestro país se mide con el deporte, hasta que ronda ha llegado “La Roja” en una competición o cuántas medallas ha sacado nuestro Estado en unos Juegos Olímpicos. Para mí, en mi humilde opinión, creo que el reconocimiento de nuestro país se calcula a través del peso político que tenemos en organismos internacionales, de si somos invitados a muchas reuniones con mandatarios europeos o sobretodo nuestra posición en debates internacionales que copan portadas en los periódicos diariamente.

Para que se hagan una idea, España no tiene ni una posición clara ni creíble sobre la crisis de los refugiados, que es posiblemente el mayor reto al que se enfrenta la Unión Europea desde su fundación.

Desde Moncloa se excusan en que sin Gobierno y con poca estabilidad política no se puede trabajar en Europa, y de cierta manera están en lo cierto. Porque piénsenlo bien si España ahora tuviese Gobierno, Mariano Rajoy podría seguramente haber acudido a la reunión del 27 de Junio con Renzi, Merkel y Hollande tras el Brexit o en la del portaviones Garibaldi juntamente con los mismos integrantes. Porque España ahora, tras la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea tenía la oportunidad perfecta para perfilarse en el TOP 5 de la UE sustituyendo a Gran Bretaña, acogiendo una pequeña “City” en Madrid o organismos europeos que antes se encontraban en el país británico. Pero la estrategia de Rajoy ha sido totalmente estúpida, se ha excusado en que sin Gobierno no se puede trabajar.

El viernes se celebra en Atenas una cumbre de los países del Sur de Europa, Rajoy ha decidido no asistir y enviar a Fernando Eguidazu, posiblemente esta era una oportunidad para colocarnos en la “pole position” del Sur, combatiendo con una Grecia vencida por la crisis económica y de refugiados, con una Portugal aplastada por la situación monetaria, una Francia débil, una Italia triste. Una oportunidad a la que Rajoy ha desoído.

Y en último lugar decir, que no solo España ha perdido importancia a nivel europeo sino también a nivel mundial. España debería estar ayudando ahora mismo al pueblo de Venezuela para darle estabilidad política, España debería estar como destacada en la firma de la paz con las FARC (lástima que Rajoy nos dejara en evidencia comunicando el día, antes que el Presidente Santos), nuestro país debería participar en la apertura de Cuba al mundo occidental. En definitiva el Estado Español tendría que estar prestando su ayuda a los países hermanos, como son los Latinoamericanos.

En definitiva, es lógico que España haya perdido su influencia mundial, porque cuando tenemos la oportunidad de adquirir un puesto en el Banco Mundial, el Gobierno prefiere darle el cargo a un ex-ministro implicado en los Papeles de Panamá.

Víctor Martínez

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