Rioja, destino Comunidad Foral

Seguramente lo primero que habrían de comprender las riojanas y los riojanos sería la naturaleza del fuero. Que es el fuero, y cuales se les podría aplicar a los riojanos? Bueno, pues todos y ninguno. Porque el fuero, lo foral, no es tanto el contenido de la ley como el procedimiento en base al que se toma esa ley como propia, es la capacidad de tomar el destino político-jurídico-institucional en las propias manos. Es construir una sociedad, una comunidad, desde abajo, hacia arriba. Es respetar la cultura política de los nativos, sin despreciar la incorporación de los no nativos, pero siempre desde la voluntad del ser para decidir. Aún así, para llegar a ser la Rioja una comunidad foral, el camino es largo y en varios planos …

A nivel de la propia Rioja sería muy importante, fundamental, que una mayoría social, sea o no sea votante de Hegoalde, se manifieste publicamente, y además, de manera sostenida, se exprese en las urnas en ese sentido de una mayor sintonía con los 4 territorios actualmente forales de las dos comunidades forales vascas, la CAV y Navarra. Seguramente esto se puede expresar con una mayoría de plenos municipales favorables que sumen una mayoría de la población de la comunidad, además, de, por supuesto, una mayoría cualificada en el Parlamento de La Rioja. Sin este respaldo social cualquier proyecto de cambio de status en la comunidad es inviable. Así pues, la conciencia de que algo tiene que cambiar es la base de todo, y ser expuesta, cívicamente, de manera inequívoca, ante la opinión pública e institucional del resto del estado.

A nivel estatutario es interesante la fórmula de la disposición adicional segunda del estatuto de La Rioja, que habla de la incorporación de enclaves dentro de los límites territoriales de la provincia. Parecida disposición está en el estatuto del País Vasco (condado de treviño, que debió ser riojano antes que burgalés, o villaverde de trucíos). No en el caso de Navarra, que tiene un exclave, el de petilla. En ningún caso asumen la posibilidad de incorporación de un municipio o territorio colindante, como sucedía en los proyectos de estatuto vasco-navarro de la segunda república. A los que los riojanos pretendieron incorporarse. Es algo interesante a tener en cuenta con posterioridad para la posible evolución de los acontecimientos.

Puede haber dos niveles de participación. Puede que consecutivos. Uno primero, convertir la rioja autonómica en una foral. Segunda, una incorporación a un proyecto común con vascos y navarros. Veamos la primera. Además del pronunciamiento interno, habría que solicitar un requerimiento al Tribunal Constitucional para que se considerara, por las razones históricas políticas (derivadas de la participación histórica del derecho pirenaico o del reino navarro; en Najera hay más reyes enterrados que en la propia comunidad foral, o los intentos comunes desde la rioja de S. XIX y XX) que se considere estar bajo el amparo de la disposición adicional primera, la foral, de la constitución. De ella deriva la exclusividad en educación, sanidad o seguridad en el estatuto vasco, además del sistema de concierto. Es decir, una posible hacienda propia riojana. A esta vía, en principio, no debiera ser necesaria una revisión de la constitución, aunque si del estatuto de autonomía riojano, y la complicidad de la mayoría en cortes, en congreso y senado. Un primer umbral que supondría un salto de calidad en la autoconciencia de la vasquitud.

Segundo escenario, adhesión. Una primera vía interesante es buscar la incorporación de la Rioja a la disposición transitoria cuarta de la constitución. O un número bis dentro del mismo. Sería necesario reformar la constitución puntulamente (en principio, como en el artículo 135, sin necesidad de referéndum). Esto obligaría a la modificación del Estatuto Vasco, para aceptar el nuevo territorio para la negociación que se daría para el nuevo ente. Y, tal vez, el navarro. Es interesante señalar que tanto el estatuto riojano como el navarro no fueron plebiscitados, ni de manera vinculante ni consultiva, por sus poblaciones, por lo que no pueden considerarse nacionalidades, sino regiones. Esta vía es interesante en tanto que la constitución prohible taxativamente las federaciones de comunidades… salvo el caso de la transitoria cuarta, de ahí la vocación de algunos presuntos navarristas, que desconfían profundamente de su población, el interés de anular esta vía. Aunque claro, quieren quitarla de la Constitución, pero no del Amejoramiento, del que tuvieron su oportunidad y no la aprovecharon. Afortunadamente.

Otro escenario posible podría ser la de la autoliquidación y disolución de la propia comunidad autónoma y así sortear, o intentarlo, la prohibición constitucional. Ahí habría que, partiendo del supuesto de que la activación de la transitoria cuarta puede ir para largo, acordar con el territorio de destino, sea país vasco, o más razonable, la propia Navarra, la modificación de su estatuto para que asuma la posibilidad legal que, dicho sea, mantiene el estatuto de Castilla y León (auténtico territorio fallido con terribles problemas territoriales sin resolver) una disposición pensada en la absorción de las provincias de Cantabria y La Rioja. Algo que no sucede en los estatutos vascos. Es una vía tan poco explorada como podría ser la del artículo que posibilita el brexit en el momento en el que se introdujo en la legislación europea. Seguro que surgirían sus dificultades con los juristas del estado, pero siempre conviene tener alternativas, y esta puede ser una de ellas.

Resúmen provisional. Opciones? Una comunidad foral riojana, para empezar. O la adhesión a la vía de la transitoria cuarta. O la disolución e incorporación a una de las comunidades forales. O eliminar la prohibición constitucional de la constitución y buscar una vía intermedia. Aunque el mayor peligro posible de esta vía, más allá de las posibilidades legales de llevarla a cabo, sería la ausencia de una verdadera socialización de conceptos como la foralidad, de derechos históricos … una profundización en la propia historia, la vinculada al señorío de bizkaia y al reyno de navarra, al euskera como lengua previa a la llegada a los romanos, a la verdadera faz de la fiesta de san bernabé (por citar un ejemplo) y tantas y tantas cosas. Que articularan un núcleo de consciencia que impulsara a una más estrecha unión con sus verdaderos territorios hermanos. Además, sería un paso puente de la opción comunidad foral a cualquiera de las dos adhesiones, en caso de ver que éstas últimas fuera dificultoso en el tablero político, y esta vía intermedia fuera plauxible.

Seguramente primero de todo habría que hacer una valoración de lo que ha supuesto de verdad el autogobierno riojano y que habría supuesto otras variantes en estos años. Ciertamente las comunidades uniprovinciales pueden considerarse una anomalía. Cantabria y Asturias tienen su particularidad, dado su carácter propio de una cornisa cantábrica con consciencia, a veces soterrada, muy en el fondo, de identidad propia, diferente de Castilla o Galicia. Murcia es la única que se reconoce como región. Madrid jamás debió existir. La Rioja … ahí está la duda. Es válido un camino propio y sólo? Tiene arraigo y viabilidad un proyecto desligado de sus vecinos del norte? Castilla nunca fue una opción, más allá de algunas mentes calenturientas que cada 23 de abril repiten las mismas cantinelas, sin tener en cuenta o respetar la puesta en común de un proyecto compartido por la mayoría social de la sociedad riojana. No hay que caer en ese error. Si se quiere modificar el status quo, ha de ser con un cierto consenso mínimo, en la sociedad. Y desde ahí, impulsar el cambio. Un cambio para mejorar la vida de la gente.

Importante, vital, fundamental, será el asunto del déficit, deuda y financiación autonómica. Cierto Señor de Bizkaia se preguntaba, y esto cuanto cuesta? Y esto quien lo paga? Dos preguntas casi infantiles pero que traen detras todo un tratado de hacienda y políticas públicas. Una dependencia de Madrid y del estado es lo que le conviene a La Rioja? Habrá de valorarlo, también, la sociedad riojana. País Vasco y Navarra, cumplirán con los objetivos fijados para 2020, y sin haber recurrido al Fla y otros mecanismos. Las herramientas, sean estas u otras, pueden ayudar, pero no son varitas mágicas, de ahí que se necesite una generación de buenos gestores de lo público, comprometidos con el buen hacer y la transparencia. Y ahí las franquicias políticas son un mal a evitar, por lo general. Siempre las personas primero. Política de personas, para las personas. Una Rioja riojana, un proyecto vital de revitalización, con valorización de lo público, sin parches, con compromiso y voluntad firme de que lo que sea común a nivel de calle pueda ser trasladado con normalidad a la ley y a la arquitectura institucional. Así funcionan las democracias occidentales. Ese es el reto.

COMPARTE ESTE ARTÍCULO:

OPINA: