Salvemos la autonomía educativa

La variedad enriquece, la unicidad empobrece. En todos los ámbitos de la vida. A todos nos gusta poder elegir. Desde que nos levantamos empezamos a tomar decisiones, elegimos la ropa, qué desayunar, etc. El pluralismo es inherente a la elección. Y es que, si no hubiera opciones, no tendríamos que tomar decisiones y por tanto la vida no tendría mucho sentido y sería –como mínimo- frustrante. Por tanto, podemos llegar a la conclusión de que elegir es algo inherente a la vida misma y que como seres libres electores, es bueno conservar esta capacidad.

Cuando nacemos empezamos a elegir. Aunque al principio tenemos estas competencias “delegadas” en otros, poco a poco, vamos aprendiendo, nos van educando, y al mismo tiempo adquiriendo responsabilidad e independencia al elegir hasta alcanzar la plenitud. Este proceso de educación, es de los más importantes puesto que es el fundamento primero en el cual se basan todas las decisiones. Es la base sobre la cual jamás dejaremos de construir conocimiento a lo largo de nuestra vida.

Una decisión muy importante, por tanto, que deben tomar los padres por sus hijos es el tipo de educación que desean que éstos reciban. Los padres –como es obvio- elegirán lo que entiendan que es mejor (según sus principios) para sus hijos.¿Acaso alguien no cree que los padres deban de elegir la educación que deben recibir sus hijos? Si es que no, ¿Quién debe tomar esta decisión? Y, ¿Por qué?

En las últimas fechas hemos asistido con estupefacción –una vez más- a un ataque sectario contra la libertad educativa. Y, a diferencia de los ataques a la libertad económica que destruyen riqueza (económica), éste destruye riqueza intelectual.

En España conviven fundamentalmente tres tipos de educación según su tipo de financiación:

La educación pública: que se financia íntegramente de los impuestos de todos (se haga uso de ella o no). Como es lógico el presupuesto asignado varía dependiendo de la coyuntura económica. Las materias y el temario son asignados por los gobernantes.

La educación concertada: se financia al más puro estilo de una empresa mixta, parte la asume la administración (los contribuyentes, independientemente de su uso) y parte los usuarios (aunque es de creación privada).  Goza de cierta autonomía a la hora de completar la oferta educativa con otras materias que se ajusten más a los criterios de los padres o tutores legales. Es un modelo muy ventajoso, ya que facilita la elección de los padres subsanando el escollo económico. Sin este modelo concertado, los padres o tutores legales sin abundantes recursos económicos no podrían elegir la educación que quieren dar a sus hijos al no poderse permitir la educación privada. Podríamos decir que la educación concertada garantiza la diversidad y variedad educativa en España.

La educación privada: Posee la máxima autonomía (dentro de unos límites gubernamentales). Esto se debe a su financiación puramente privada, es decir, no depende del estado o administración, tan solo de sus usuarios.

Como se puede observar, la libertad educativa va ligada a la procedencia de los recursos económicos. Aunque, todos los alumnos independientemente del tipo de colegio han de someterse a una prueba de nivel estatal para poder acceder a la Universidad. Por tanto, la educación impartida en los colegios suele orientarse hacia esta prueba.

Sin embargo, aunque el concierto educativo sea algo que deberíamos mantener y preservar, está siendo atacado sin escrúpulos. En esta ocasión, el Gobierno de Aragón ha intentado sustraer el derecho (constitucional:27.1 CE) a la libertad educativa a los padres y niños aragoneses intentando quitar los conciertos educativos en las aulas de infantil. Esto supone un ataque flagrante a la libertad educativa de los padres. Pero al Ejecutivo aragonés no le gusta la libertad de elección. Aunque, de alguna manera, ellos se definen como un gobierno progresista. ¿Es esto “progreso”? ¿Acaso el “progreso” en nombre del cual actúan se basa en la sustracción de libertades? ¿Es “progresar” que un político elija qué debe y que no debe de estudiar alguien? ¿Y si yo no lo he votado? ¿Y si quiero seguir ejerciendo mis libertades?

En primer lugar, si alguien deseara transferir sus libertades en materia de educación a un político, es libre de hacerlo. Faltaría más. Por otro lado, si alguien deseara preservarlas, también es libre de hacerlo. Faltaría más. ¿por qué molesta tanto la libertad? ¿por qué gusta tanto imponer al vecino las ideas y creencias propias? Deberíamos ser más tolerantes y respetuosos como mínimo. Como mínimo, deberíamos tener en cuenta siempre que la unicidad empobrece y la variedad enriquece y que, por tanto, no es malo pensar o elegir diferente.  Parece algo lógico para ser explicado en pleno SXXI pero últimamente parecemos haber sufrido un retroceso en nombre del “progresismo” propio de otras épocas.

Tan solo quiero apelar a la defensa de una de las libertades fundamentales que aún poseemos. Abramos los ojos. No debemos de aceptar con resignación este tipo de medidas injustificadas que nos atacan directamente. No debemos aceptar que nadie nos diga lo qué hacer en contra de nuestra voluntad. Debemos tomar ejemplo de las 30.000 personas que salieron a manifestarse en contra del sectarismo del Gobierno aragonés y a favor de la libertad. Porque no debemos de quitarle a la vida lo que le es inherente: poder elegir libremente entre varias opciones.

 

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