Y se perdió el respeto

El pasado sábado de investidura, vimos posiblemente el episodio más lamentable del parlamentarismo español en muchos años. Diputados llorando por los resultados, delegados faltando el respeto a quien le llevase la voz contraria, a exteriores del Congreso, una manifestación convocada por aquellos que no quieren aceptar el resultado y que se permiten el lujo de insultar y agredir a diputados contrarios.

España lleva meses perdiendo prestigio internacional, lo describí hace un par de meses en uno de mis artículos. Dos elecciones e inestabilidad política provocaron las carcajadas de líderes europeos.

Pues señores lectores, creo yo que lo del pasado sábado fue un espectáculo poco agradable a los ojos del ciudadano español, que ve como muchos usan la tribuna para exponer el insulto y no propuestas.

Especialmente esta crítica va dirigida al Señor Gabriel Rufián, un personaje algo sorprendente. Una persona de ascendencia andaluza, que tiene el criterio para dar a la gente el carnet de buen catalán y de demócrata y que no ha trabajo en nada más que en Súmate a lo largo de su vida. Lo que viene siendo un vividor de la política.

Pues el señor Rufián rozó el insulto, acarició la falta de respeto y estuvo coqueteando minutos con dilogías del tipo irónicas dignas de las revistas El Jueves o Mongolia. Inició su andadura calificando con adjetivos a todo político que se le viniese por la mente, incluso se atrevió a calificar al señor Rivera de “Maese Cuñado Rivera”, provocando así el aplauso y las risas de la bancada podemita. Podemos, esa mayoría social capaz de insultar a 16 millones de españoles. También gozo de insultar a Felipe González, relacionándolo con el IBEX 35, GonzalEX, forzando durante segundos la -ex, hasta que comprendió que había quedado retractado y que su humor esa vez no fue comprendido por ningún ser humano presente en aquella cámara.

Lo que viene siendo en este señor usual, que suele usar la tribuna para insultar a todos los presentes (a excepción de sus amigos) llamándoles fascistas o lo que se le haya ocurrido la noche antes.

Pero lo peor aún no había llegado, lejos de las expresiones de odio del Señor Rufián hacia el Partido Socialista, encontrábamos las muecas de arrogancia de Irene Montero cuando todos los partidos aplaudieron la intervención de Hernando sobre las palabras de Rufián a excepción de ERC,CDC, Bildu y Podemos, mofándose de que 260 diputados coincidían en aplaudir algo tan serio como la condena al terrorismo etarra.

Aunque lo más grave estuvo fuera, una movilización convocada por Unidos Podemos (aunque ellos no quieran admitir que eran los líderes de esa manifestación), que tenía como objetivo protestar porque Mariano Rajoy había vencido en la sesión de investidura. Yo les diré una cosa señores de Podemos, yo no seré un gran fan de la derecha conservadora. Pero, ¿saben lo que soy? un demócrata y sé acatar un resultado aunque no me sea favorable. Pero lo que yo nunca haré, es llamar al de al lado fascista cuando soy el primero en no respetar una decisión. Y lo que vimos a la salida de los diputados del Congreso, fue un acto intolerable: lanzamiento de latas, insultos a gritos de h**** de p***, de fascistas, y todos ellos dirigidos a miembros del grupo de Ciudadanos. En mi opinión, empieza a ser preocupante el odio mutuo que tienen los miembros de ambos partidos, sobretodo desde el ámbito de Podemos que en muchas ocasiones se consume en forma de boicots, pintadas a sedes municipales o agresiones.

Y ya por último quería finalizar esta reflexión con una frase dedicada a nuestro protagonista Rufián: “Ay Rufián, ibas de Lazarilllo pero no llegabas ni a Miliki”

Víctor Martínez

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