Sociedad agresiva

Antes de abrir el melón del tema del acoso escolar, que me ocupa hoy, me gustaría pedirles disculpas a nuestros lectores de Demokratia por mi ausencia estos últimos meses, y asimismo informarles de que durante las próximos tres o cuatro semanas mis artículos aparecerán los jueves en la web, para posteriormente retomar la agenda habitual de publicaciones a principio de semana. Muchas gracias.

No soy abogado, tampoco jurista, juez, pedagogo o psicólogo, de modo que no voy a poder ahondar en tecnicismos ni análisis en exceso profundos sobre cuestiones acerca de la conducta humana, social o de la legalidad vigente. Yo solo soy alumno. Bueno, quizá debamos matizar ese último solo, porque ¿qué es el alumno en los problemas escolares si no es el protagonista y principal afectado por ellos? ¿No se insiste en los últimos tiempos en que el alumno es y debe ser protagonista de su educación? Considero pues, nada despreciable la visión que puedan aportar los propios alumnos, especialmente en cursos inferiores, ya que pueden ofrecer un punto de vista interno sobre este grave problema.

En primer lugar y a pesar de que sigue siendo un problema importantísimo en nuestras escuelas primarias, colegios e institutos, huelga decir que a lo largo de los años recientes se han hecho grandes esfuerzos desde la comunidad educativa y desde la política para comenzar a poner freno a esta lacra. Recientemente hemos conocido la noticia de que un niño de doce, sí, leen bien, doce años, se ha suicidado en Éibar porque, según escribió en una carta, había algunos otros que le hacían la vida imposible. Ha pasado más de una semana desde esa horrenda noticia. No ha trascendido. ¿Son conscientes los acosadores y sus padres de lo que han provocado? ¿Ha hecho el colegio todo lo posible para evitar esta tragedia? ¿A alguien se le remueve la conciencia?

Quisiera resaltar como parte fundamental de esta lacra mundial, y ya entrando en materia de una manera más específica, que el acoso escolar no es cosa de dos. No se trata de una disputa personal o una mera pelea entre el acosador y el acosado. El reduccionismo imperante en muchos temas pedagógicos que tanto hemos podido ver en los años pasados a través de conocidas sentencias que forman ya parte del imaginario educativo colectivo “esto con un bofetón se arregla”, “antes eso del TDH no existía y los niños aprobaban” o, referida específicamente al tema que nos ocupa “si le pegan algo habrá hecho”; (más adelante podremos reflexionar sobre esta cruel sentencia), no debe, es más, no puede dominar nuestro pensamiento de cara a solucionar el acoso escolar y enterrarlo junto con otras lacras humanas que asolan nuestra sociedad.

Dentro de esta premisa, que puede parecer obvia, cabe ahora preguntarnos, ¿por qué hay acoso escolar? ¿Es un mero problema psicológico y de convivencia? ¿O es algo más? La humanidad es un fenómeno demasiado complejo como para pensar que un hecho tan grave como es el acoso, que puede derivar incluso en una depresión o un suicidio, provenga solo de una causa próxima. No. No hay causas próximas. Simplemente mire el lector a su alrededor y piense en cuantas muestras de competitividad sin escrúpulos, agresividad o supremacía del fuerte frente al débil observa. Puede que entre unos hechos y otros haya una aparente gran distancia, pero si se dejan correr estos aparentemente pequeños o insignificantes hechos a lo largo de un periodo largo de tiempo, sobre todo en niños y niñas con edades tempranas, la bolita de nieve irá creciendo hasta convertirse en imparable y acabar en desastre.

Otro fenómeno social que, al igual que esas muestras de agresividad, son causantes de acoso, es la marginación sistemática que sufre en la sociedad aquel que es diferente a los demás. Cierto que en este sentido sí se está avanzando hacia una sociedad que no desprecie al diferente, sin embargo, sigue produciéndose discriminación en muchos ámbitos de la sociedad. Puede que ya no física en la mayoría de los casos, pero sí que con toda certeza, puedo asegurar que hay un subconsciente que sigue despreciando al que el mandato social nos ha dicho que debe ser tratado como diferente. Estos dos hechos conforman lo que yo denominaría el diagnóstico del acoso escolar como lacra social (no personal). Hasta que no profundicemos en lo que realmente causa el acoso, no podremos afrontarlo con posibilidades reales de erradicación. Lo mismo sucede con el machismo, el racismo, la xenofobia, la homofobia o algunos otros de los sentimientos más bajos que puedan llegar a desarrollar las personas. Tenemos, la sociedad tiene que saber atacar la base de estos problemas. En el caso particular del acoso, que bien vale para otros, es necesaria una radical transformación de la mentalidad general de la sociedad hacia un pensamiento más humano, que nos haga, por nuestra propia voluntad y sin que nadie tenga que “recordárnoslo”, preocuparnos antes por la persona que por cualquier otra cosa.

Más allá de estos conceptos y sentencias que bien pueden rozar la teoría o incluso, mejor desarrollados pueden asentarse en una base pedagógica y psicológica, existe otra cuestión que aún no se ha tratado, y es la motivación para ejercer el acoso, no de manera profunda o subconsciente causada por el entorno global, sino de manera más directa y visceral. Hace poco tuve la oportunidad de ver un corto, accesible en Youtube, “El sándwich de Mariana” , para quien lo quiera ver, en el que se resaltaba una de estas causas más directas, y del que se desprendía una importante consecuencia. Y es que en gran parte de los casos de acoso, el acosador es a su vez maltratado por otra persona más “fuerte” en otro ámbito distinto, produciéndose una especie de “cadena” de acoso. Esta es una de las muchas causas próximas de este fenómeno. Otras pueden ser los recelos personales, las frustraciones internas o la misma envidia. No creo que sea arriesgado decir que estas causas son más fáciles de tratar que las anteriormente expuestas (sociales), ya que solo afectan a personas o grupos reducidos, mientras que aquéllas nos engloban a ustedes y a mí.

Finalizando ya, cabe mencionar que la solución a esta lacra pasa, sí o sí por tres puntos esenciales. Primeramente el establecimiento de un debate profundo sobre este tema, con el fin de analizar todas las causas que hemos ido mencionando a lo largo de este texto. En segundo lugar por la aplicación de un nuevo método para corregir estas conductas, en el que, sin olvidar el lamentable comportamiento y las nefastas consecuencias del acoso escolar, se enfoque el correctivo hacia la eliminación total de la voluntad y el impulso a hacer lo que se ha hecho, no solo a su represión en lo hondo de la conciencia, porque si se hace de esta última forma, algún día en el futuro acabará aflorando, quién sabe contra quién. Por último, y como tercer punto esencial, invito a todos los que nos lean que se propongan un cambio, un cambio social, que, como reza el título de este artículo, acabe con una sociedad cada vez más agresiva y la humanice, porque si no humanizamos el mundo, al final acabará con nosotros.

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OPINA:

  • Soledad S-Cid

    A mi como jurista me interesa mucho esta visión enfocada desde el punto de vista del alumno. Excelente artículo qie refleja la deshunanizacion de la población. Antes apenas había denuncias de acoso escolar ¿Había menos o hemos sabido sacarlos a la luz?