Europa: ¿Y ahora qué?

Siempre oí hablar de la ejemplaridad de la política británica que, a lo largo de los últimos doscientos años ha mantenido prácticamente sin cambios un sistema muy distinto al de los demás países de Europa. Una ejemplaridad que tiene su muestra en la escasez de casos de corrupción, lacra que padecemos muchos miembros del sur de la Unión o en el rico debate parlamentario, que en España se reduce a un superficial lanzamiento de ataques ad hominem al portavoz del grupo contrario.

Este escenario en el cual, el que a día de hoy sigue siendo Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, es el bueno y nosotros, pobres diablos continentales, somos los malos, está cambiando radicalmente, más aún después de conocerse que el famoso protagonista de todo este desastre internacional, Nigel Farage, reconoció que fue un error prometer 350 000 000 £ semanales extra para el NHS si el Reino Unido abandonaba la Unión. Aquí en España conocemos bien la palabra error, en boca de los viejos políticos (entienda el lector: viejo de mentalidad, no de edad); error es ese eufemismo tan querido para no tener que decir que mintió como un bellaco. Nos queda pues una gran mentira; una mentira que permanecerá en los libros de Historia como la que, con gran probabilidad, hizo inclinarse la débil balanza de la democracia directa hacia una opción que truncaría el futuro del Reino en la Unión Europea. Más aún, los políticos británicos nos han mostrado su verdadera cara de irresponsables. ¿Quién queda? Un Primer Ministro dimitido, un posible sucesor e impulsor del Brexit que se aparta, un eurófobo que dimite y no es capaz de asumir su responsabilidad, un líder izquierdista que no supo defender la permanencia y que ahora se niega a dimitir siendo el único de los tres líderes al que su propio partido se lo ha pedido. Aquí estaba la ejemplaridad que en una semana se ha esfumado.

Los continentales hemos asistido al primer efecto serio del populismo en un país que no es menos europeo que España o Alemania. Un populismo que busca el éxito político a través del empleo de un chivo expiatorio para culpar de los males que amenazan a una sociedad supuestamente demasiado expuesta a este chivo. Farage y sus parroquianos se dedicaron a emitir deshechos verbales contra los inmigrantes que al parecer roban el trabajo a los británicos. El ultranacionalismo casposo y cateto de esta gente no ha hecho más que abrir dos profundas heridas en la sociedad británica; la primera de ellas, entre las generaciones que han votado de manera muy distinta en el Referéndum; la segunda, entre ellos y el resto de Europa. Poco a poco se va demostrando que el populismo anti europeísta, paleto, demagogo y mentiroso no es otra cosa que el auténtico enemigo al que nos enfrentamos; un populismo que lleva la xenofobia, el racismo y los primeros conatos de fascismo desde el año 1945 que hemos visto en Europa, por bandera y que no parará hasta hacer añicos lo que a los europeos tanto nos ha costado construir y que, como todo en esta vida, no está exento de mejoras.

Nos cabe ahora la oportuna pregunta que encabeza este texto. Bien pues, difícilmente contestable, a un servidor no se le ocurre más que una respuesta: más Europa. Porque somos Europa y tenemos que seguir siéndolo. Porque la apuesta por el proyecto europeo es ahora más necesaria que nunca. Este proyecto sigue cada día en construcción y nos asegura un futuro común y una voz en un mundo en el que Europa cada vez tiene menos peso económico, político y demográfico. Si ahora apostamos por la unidad, en un futuro podremos decirles a las generaciones venideras que nuestros padres y abuelos construyeron Europa y que nosotros la consolidamos; que no nos dejamos convencer ni vencer por el miedo, por el populismo o por las voces que claman por una Europa dividida y repleta de Estados egoístas e insignificantes en pocas décadas. Podremos contarles como el segundo país más fuerte de la Unión decidió abandonarla y cómo nosotros supimos mirar hacia delante y continuar con el proyecto común.

La UE está en un punto de inflexión. Está claro que tal y como marchan las cosas actualmente no se le augura un buen futuro. Una vez en este punto surgen dos propuestas: la destrucción o el avance. Y es que la idea de una Europa Federal no es algo que se me ocurra a mí, sino que ya está en boca de muchos y a mi juicio, es la única salida que tiene la Unión. Debemos hacerlo, tenemos la obligación moral y la gran responsabilidad con las generaciones futuras, incluida la mía, de construir una Europa Federal, una verdadera Unión con mayúsculas, una Europa más solidaria, en la que no se cometan tropelías como la de los refugiados, una Europa comprometida con el futuro de nuestro planeta, con el Estado del Bienestar, con los Derechos Humanos. Una Europa en la que sea efectiva la cesión de una parte de la soberanía de las naciones a cambio de una mejor vida para los europeos. Ya se ha construido mucho, pero ahora los 27 tienen que dar un paso adelante, dejar de lado los odios, combatir a los eurófobos con argumentos, con educación y con progreso. Queda mucho por hacer, pero espero que algún día podamos decir con orgullo, sin avergonzarnos, sabiendo que esto merece la pena: “Soy Ciudadano Europeo”.

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OPINA:

  • Cándido

    Pues sí, pues sí. Uno que sabe.