Yes we Trump


Hace ya unas semanas que escribí en este medio que Donald Trump podía ganar las elecciones americanas y, efectivamente, así fue. Casi ninguna encuesta o medio de comunicación daba si quiera este hecho como una posibilidad; pero ahí está, a punto de dirigir el país más poderoso del mundo.

Es cierto que Donald Trump ha perdido, por muy escaso margen, el voto popular ante Hillary Clinton, pero eso es absolutamente irrelevante. Lo que verdaderamente importante es el colegio electoral y ahí Trump ha arrasado. En el sistema electoral americano, el candidato que gana, aunque sea sólo por un voto en un estado, se lleva todos los delegados. Por este motivo, los candidatos solo hacen campaña electoral en aquellos estados que están disputados (swing states), puesto que en el resto de estados, el resultado está más que decidido. Así las cosas, Trump se llevó Florida, Carolina del Norte, Ohaio, Pensilvania, Michigan y Iowa, mientras que Hillary Clinton solo venció en Colorado, Nevada y New Hampshire. En definitiva, el trumpazo de Hillary fue mayúsculo, por mucho que La Sexta se empeñase hasta altas horas de la madrugada en que la remontada era posible.

En los últimos días hemos podido constatar cómo muchísimos medios de comunicación y centros de opinión han tratado de justificar el porqué del resultado, sin embargo, flaco favor haríamos a nuestra capacidad intelectual en hacer caso a los mismos medios que machaconamente nos pronosticaban un triunfo de Hillary sin paliativos.

Trump venció porque tenía un relato que no solo convenció al votante medio americano, sino que por primera vez desde las elecciones presidenciales de 2008, ilusionó. Las clases medias americanas cada vez están más empobrecidas y ven como muchos de sus trabajos se deslocalizan a otros países donde los costes de producción son significativamente menores. Asimismo la preocupación por una inmigración ilegal y desordenada se extiende por todo el país.
Por otro lado, la ciudadanía americana está harta del establishment que gobierna Washington. Un establishment a las órdenes de las grandes corporaciones y de aquellos que pretenden perpetuar el status quo – Hillary Clinton-.

El presidente electo ha prometido un cambio radical que acabe con todo lo anterior y además ha hecho gala de una virtud poco conocida (y que para algunos es considerado un defecto) su incorrección política. Trump mira a los ojos de su público y le dice lo que piensa, sea del agrado o no de todos los americanos y es esa sinceridad, lo que ha hecho que los votantes se decanten por el. Y qué decir de su eslogan de campaña “Make América great again”. Son solo cuatro palabras pero la fuerza y la ilusión que transmiten es difícilmente cuantificable, o si, 61 millones de votos.

Ahora le queda la tarea de gobernar, la cual no será precisamente difícil puesto que el partido republicano controla tanto la cámara de representantes como el senado. Las expectativas y los recelos que despierta son muy altos, pero también se dijo lo mismo de Ronald Reagan y fue uno de los mejores presidentes de la historia de los EEUU.

Tomás González

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